En defensa de cierta Universidad

En muchas familias burguesas, de esas de las de vieja usanza, siempre existe algún pariente pobre al que se invita una o dos veces al año. En tales ocasiones se exageran las muestras de afecto hacia su persona, apenas se le pregunta acerca de su trabajo, dónde vive, poco de sus hijos. Todos ellos son temas tabúes. No sea, que de la mano de tal fingido afecto aquél lo malinterprete y se atreva a solicitar a sus ricos allegados alguna ayuda económica, enchufe o prebenda. Así pues, muchas sonrisas, un té con pastitas, felices navidades y hasta el año que viene. Algo parecido sucede con el Derecho en general y el penal en particular.

[Img #525831]Los parientes ricos suelen ser catedráticos dedicados a la docencia, a tiempo parcial, y al ejercicio de la abogacía. Usualmente se dedican a asesorar a las grandes empresas y defender a sus ejecutivos y políticos (incluso alguna infanta), que en un exceso de celo o de codicia pisaron la raya. Luego vienen los catedráticos y titulares a tiempo completo dedicados a montarse institutos penales, postgrados, títulos propios o congresos de dudoso provecho. Todos ellos rodeados de una corte de ayudantes, asociados y becarios que les ahorran trabajo y presencia. Más abajo, en la base de la pirámide, se encuentran catedráticos y titulares que no dan un palo al agua. Quiero decir, se limitan a impartir una escasa docencia y a no publicar una línea o a lo sumo escribir un manual de lectura y de compra obligatoria para sus alumnos. ¿Punto final? ¡No¡, existen, ¡claro que existen¡, algunos catedráticos y titulares que se toman muy en serio su trabajo. Sin duda, son la minoría. Sin embargo, ellos conforman el espinazo que sostiene a la universidad en pie. Ésos parientes pobres son, a mí juicio, la quintaesencia universitaria.

Les cuento una anécdota. Tuve el honor de conocer a un joven estudiante proveniente del ámbito rural. Dudo que en su casa existiera un libro. Finalizado sus estudios jurídicos, un día golpeó la puerta de mi despacho. Quería hacer la tesis en un tema tan complicado como es el de la propiedad industrial. Le dije: “ponme por escrito tus opiniones”. Resultado: un desastre. Un desastre “formal”, no así de contenidos. No sabía redactar. Comprensible, dado su aprendizaje juvenil. No obstante, ese joven sabía pensar. Con sumo esfuerzo sus opiniones se hicieron inteligibles. Leyó la tesis doctoral que mereció ser publicada. No obstante, ¡horror¡, no era capaz de conjuntar su camisa con el color de la corbata, carecía de “trato social” y en vez de apoyar al Loewe de turno, decía: “lo que el Derecho penal debe defender es la bondad del producto y no la etiqueta” En fin, ese joven tan inteligente y honesto se topó contra un muro construido de cinismo, indolencia y necia soberbia, para él no había sitio, tuvo que emigrar. Ayer me llamó por teléfono, me dijo que comenzaría a impartir docencia en una Universidad del Reino Unido…. La Universidad, a pesar de todo, malgré tout, in spite of, trotzdem, en varios idiomas lo digo, merece la pena. Merece la pena, por estos chicos y chicas tan, tan brillantes que deben ser promocionados. Ellos son nuestro futuro.