Martes, 18 de diciembre de 2018

Adiós Cervantes, adiós parte de mi historia

Cuando un estudiante llegaba a Salamanca una de las primeras cosas que hacía era abrir una cuenta en Cervantes, hoy hay menos estudiantes y dentro de poco ya no habrá Cervantes

Mi biografía se une a la ciudad de Salamanca hace 22 años, cuando llegué desde mi cuidad natal con la ilusión de comenzar la carrera y el temor de salir de mi casa por primera vez y tomar las riendas de mi vida sin la protección de lo conocido.

Antes de llegar ya me habían hablado de donde podía hospedarme, de cuales eran las zonas recomendables y las no recomendables de la ciudad, de las temperaturas que se alcanzaban en el duro invierno salmantino, de donde se encontraba la famosa rana y el astronauta de piedra, y entre tanta información también sabía donde comprar los libros que me acompañarían en la aventura que iniciaba, por supuesto, como ya se han imaginado, me habían recomendado abrir una cuenta en Cervantes.

Pues bien una vez que llegué a Salamanca y tras rellenar todos los formularios de la matrícula en la universidad el siguiente paso fue acercarme a la famosa librería, donde me he perdido en más de una ocasión en sus diferentes pisos, ojeando libros de todo tipo, material de papelería y tantas curiosidades que se encuentran en un sitio como ese, siempre acompañado de un buen consejo de cualquiera de los empleados de la hermosa tienda.

Esto que cuento es la misma historia de miles y miles de estudiantes de los que han venido a esta tierra de cultura durante varias décadas, en la que la librería que cierra ha tenido un papel importante y se ha convertido en un referente dentro y fuera de esta ciudad.

No sé si es una señal de la crisis económica, lo que me parece que es síntoma de un cambio de cultura, en el que el consumo del papel impreso está en desuso. Cuando ese edifico esté dedicado a otro menester yo seguiré viendo parte de mi historia en su fachada, del olor a libros nuevos, de una juventud que ya no está en sitios que ya no existen.

Supongo que la vida es así, porque ya son muchos los lugares que sólo están en el recuerdo, el viejo Corrillo, el teatro Bretón, y en unos días Cervantes

Es curioso: con Cervantes se cierra mucho más que una librería, se cierran libros, se cierran historias, muchas de ellas sin escribir