Viernes, 23 de octubre de 2020

El cierre de Cervantes, un derecho de su propietario

“Es el cierre de una tienda, no es el cierre de la Universidad o de la propia ciudad”

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Mi primera tienda, junto con Almacenes Ara y el chocolate de la cafetería Las Torres, si lo unimos al soniquete del vendedor de los cupones de la ONCE en la esquina de la Plaza Mayor, me traslado a buen seguro a los años setenta. Es fácil caer en la nostalgia, experimentarla ante la añoranza de lo perdido, es hasta útil y necesario, pero quedarse a vivir en ella supone considerar que cualquier tiempo pasado fue mejor.

El cierre de la Librería Cervantes es ante todo, sobre todo y es, un derecho de su propietario. ¡Viva la libertad!

Saber agradecer es una actitud que enseñamos a nuestros hijos y nos enseñaron desde pequeño: “hay que dar las gracias por todo” me decía mi madre. Pues en este momento quiero darle las gracias al dueño y los empleados de Cervantes por todos estos años. Fueron ejemplo de excelencia empresarial y lograron crearse un rincón en la memoria de los salmantinos, hasta tal punto, que, además de Librería, era lugar de encuentro con personas y mojón para quienes deambulando por la ciudad querían alguna indicación de referencia en su caminar.

Saber despedirse y desprenderse, que como dicen ahora es saber desapegarse, es otra forma de vida. Aún recuerdo el terremoto mediático que provocó la peatonalización de la Rúa Mayor de Salamanca. ¿Y ahora? Cuando algo muere hay que saber decir adiós y expresar con el sentimiento adecuado lo que merece para que siga viviendo en nuestros recuerdos, que es donde reside todo aquello que vivido mereció la pena recordar.

Generalizar y elevar la anécdota a la categoría de concepto suele ser útil en causas ideológicas pero en cuestiones mentales nos genera creencias alejadas de la realidad. Es el cierre de una tienda, no es el cierre de la Universidad o de la propia ciudad.

Existe un Principio enunciado por Joseph Newton que se denomina el “Principio del Vacío” que les animo a buscar y leer y que se basa principalmente en la necesidad de que es necesario crear un vacío para que cosas nuevas lleguen a la vida. Estoy seguro que en el futuro habrá un digno sucesor de Cervantes como librería y referente, pero para que ocurra el Cervantes actual debe dejar el vacío. Esta técnica de vaciar nuestras vidas es poco usual en mentes diseñadas para la supervivencia, donde lo que se busca es amasar y guardar “por si las moscas”, en una evidente demostración de desconfianza hacia el futuro, fruto de nuestras experiencias antepasadas de escasez. La mente retenedora nos hará difícil el desprendimiento y por tanto, como expresa el “Principio del Vacío”, poco o nada de novedad aparecerá en nuestras vidas.

Avanzamos, caminamos, ¡cómo va a ser el paisaje siempre el mismo!. Incluidas nuestras vidas y la de nuestros entornos la vida es cambio, movimiento.

Gracias Cervantes por tantas horas que me dedicaste para tener siempre a mi disposición todo aquello que necesitaba. Gracias también por acoger, hace unos días, con tanto cariño, mi primer libro, “HAZTE NAVIDAD” y venderlo en la tienda, llegué a tiempo. Honro tu bien hacer mediante estas líneas. Olvido todos cuantos defectos son propios de quien arriesga y emprende y que sufrí en la prestación del servicio que dabas y que no impedían volver a la tienda donde siempre, siempre, me decían: “¿tú eres de Peñaranda, eres el hijo de Julito de la Torre?” y con una sonrisa llena de vergüenza contestaba que sí, actitud que fue cambiando con los tiempos hasta llegar a mantener una conversación con ellas, que hoy ya no están. Y no nombro a ninguno pues me dejaría alguno seguro. Todos, a todos, GRACIAS.

Por último, una llamada a quienes ponen condecoraciones y medallas, diplomas y reconocimientos, creo que este año 2016 Salamanca tiene un deuda de gratitud para con Cervantes. Es mi humilde propuesta.