Martes, 10 de diciembre de 2019

La librería Cervantes echa el cierre. ¡No puede ser!

"Esta Salamanca nuestra se va desmoronando, poco a poco, vamos perdiendo elementos que forman parte de nuestra historia, no sólo la de la ciudad, sino la de sus gentes, la de los salmantinos, que vamos perdiendo identidad"

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Conecto mi ordenador, entro en internet, y de entre mis favoritos, pico en salamancartvaldia.es y me topo con la notica, me sacude como una bofetada: “El nuevo año trae el amargo cierre de la histórica librería Cervantes” Inmediatamente consulto el calendario, pienso que es una inocentada, pero  no, no es 28 de diciembre. Hace pocas fechas que ha pasado, y tal vez, se haya quedado la inocentada prendida de la red, tal vez en la redacción se han olvidado de quitarla… Pero no, por desgracia no es una inocentada.

Enseguida me vienen a la memoria recuerdos, algunos ya olvidados en no sé qué parte de mi cerebro, recuerdos que pensaba perdidos, que ni siquiera sabía que estaban ahí. Pero el mazazo de la noticia, ha hecho que se remueva esa caja en la que deben ir guardándose los recuerdos que, con el paso de los años, van perdiendo interés, hasta que un brusco movimiento sísmico, los remueve, los descoloca, los saca de lo más hondo de ese cajón y los eleva a la superficie. Ahora, esos recuerdos “perdidos” vuelven a tener vigor, se iluminan, vuelven a ellos el color y la luz, y todos esos momentos, aparentemente perdidos, recobran actualidad, se colocan en primera página, parece que fue ayer mismo.

Me veo con un montón de años menos, subiendo por esas escaleras de caracol por las que el tránsito se hace dificultoso, pues los libros lo van invadiendo todo. Pero no me importa, cuando entraba en “Cervantes”, el tiempo se paraba, las prisas se quedaban fuera.  Voy buscando… no sé  qué libro, pero mientras subo me voy parando en cada uno de los peldaños, y en cada uno descubro alguno nuevo, o tal vez sean los de siempre, vistos con ojos distintos.

Y por encima de todos los recuerdos, el más fiel: el olfato. Ese recuerdo del olor a libros, a papel y a tinta, mezclados con el polvillo que siempre se deposita en aquellos estantes menos visitados. Por muchos años que pasen, ese recuerdo, quedará impregnado para siempre en todos nosotros.

Cuando llego a la planta en la que se supone debe estar lo que busco, me pierdo entre libros y más libros. No hay prisa, cojo uno lo acaricio, abro sus páginas, leo las solapas, algo del prólogo y la contraportada. Lo dejo en su sitio para coger otro, y luego otro, por fin el que buscaba. Porque en Cervantes siempre encuentras el libro que te interesa y si no lo tienen - Si quiere se lo pido y mañana mismo lo tiene - te propone la voz amable del empleado. Estupendo, porque eso me da la ocasión de visitar de nuevo aquella escalera y volver a encontrarme con nuevos libros, o tal vez no sean nuevos, pero los veré con ojos distintos.

Ahora dicen, que este año puede desaparecer. Espero que, sea cual sea el motivo de este posible cierre, se solucione y que alguien recoja el testigo de este baluarte de la cultura y la historia de nuestra ciudad, para que siga en pie. Esta Salamanca nuestra, se va desmoronando, poco a poco, vamos perdiendo elementos que forman parte de nuestra historia, no sólo la de la ciudad, sino la de sus gentes, la de los salmantinos, que vamos perdiendo identidad, con la desaparición de cada uno de estos, aparentemente pequeños detalles, que hacen que Salamanca, cada año, sea menos Salamanca, que nuestra ciudad cada año tenga menos personalidad. Si seguimos así, dentro de unos cuantos años, puede que tengamos más comercios modernos, más edificios dotados de nuevas tecnologías… Pero esa, ya no será nuestra Salamanca.

Según las previsiones de salamancartvaldía.es la desaparición de la Librería “Cervantes” está prevista para la primavera de 2016. Triste ironía del destino. Espero que el espíritu de Cervantes, al cumplir los cuatrocientos años de su muerte, no permita que con él, muera también, esta querida librería que lleva su nombre.