Sábado, 15 de agosto de 2020

Generación superviviente

La actual generación de jubilados sobrevivió a una experiencia que la nueva generación no sobreviviría hoy.

Pertenezco a una generación superviviente a todos los males, contaminaciones, epidemias, gastroenteritis y contagios aleatorios, que hoy están protegidos por fármacos encapsulados, dodotis absorbentes, agua envasada, leche pasteurizada, verduras plastificadas, dulces encristaladas y frutas fumigadas.

Una generación de postguerra que viajaba en “seiscientos” con familia, equipaje y suegra incluida, sin cinturones de seguridad, ni apoyacabezas, ni aire acondicionado, ni GPS, ni air-bags, ni asientos para niños, que recorrió España por carreteras comarcales y vecinales a golpe de tortilla de patata y tintorro en las obligadas paradas camperas para estirar piernas, brazos, cuello, pies, tronco, espalda y alma.

Una generación que bebía agua de las fuentes públicas no registradas en sanidad, de las mangueras de regadío, de grifos municipales y de manantiales, sin sufrir trastornos gástricos por inmunización infantil, desde que nos comimos el primero trozo de pan que cayó al suelo y limpiamos con un soplido.

Una generación que confundía la obstrucción intestinal y la apendicitis con el cólico miserere, los quebrantos biliares con indigestiones y el Alzhéimer con la tontuna del abuelo, perdiendo las muelas al primer dolor y tomando copas de aguardiente en guindas para aliviar los males de vientre y estómago.

Una generación callejera que se pasaba el día “tirichi” en mano, jugando a los pelotazos, pico-zorro-zaina, tirable, canicas, peonzas, platillos, escondite, tabas, gallina ciega, piedra-papel-tijera, pares o nones, guardias y ladrones, carretilla, pañuelo, calienta manos, aros, zancos, pies quietos y comba para las niñas.

Una generación en trenzas y pantalón corto con permanentes heridas en las rodillas hecha para los golpes, donde no existían dislexias, el psicólogo orientador de conductas tomaba forma de zapatilla doméstica y capón escolar, sin que esos tests conductuales nos hayan producido los graves trastornos mentales y frustraciones que hoy anuncian, aunque todos sepamos que en los hogares se siguen aplicando o sustituyendo por sanciones aún peores y más crueles.