La noche de los sueños

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Al menos  una vez al año, todos los sueños son posibles. Tenemos la posibilidad, cada 31 de diciembre, de apartar lo que de mal recuerdo nos ha dejado el año que dejamos atrás y creer que en el que vendrá las cosas serán diferentes. Una única noche en que la esperanza es una realidad para todos, para los que el año ha sido duro y ven con ilusión el que viene, para los que la fuerza de voluntad ha sido débil y creen que no les fallará en el siguiente, para los que esperan aquello que hasta entonces se les ha resistido…

Si algo tiene de especial esta noche última del año, es precisamente eso: que a nadie defrauda, porque cada cual, a su manera, hace de ella lo que necesita. Unos la despiden con la alegría de abandonar un año complicado y la esperanza de que el que viene será mejor, otros esperan ver cumplidas expectativas que no terminaron de florecer en el que se fue, hay quien espera fechas importantes o acontecimientos que sabe  que sucederán, y otros, como en mi caso, sólo esperamos que lo esencial no cambie.

Yo tenía mis ilusiones en el 2015, un número precioso, la niña bonita, y ha sido, como lo son casi todos, un año con sus momentos difíciles, con instantes de duda, con incertidumbres, miedos e inquietudes, que se han dado la mano con minutos de ilusión, con oportunidades, con situaciones nuevas y esperanzadoras…Los años ideales suelen ser quimeras porque la realidad es un arcoíris de rojos y rosas, de negros y grises, de luces y sombras.

En mi año ha habido de todo, debo reconocer que más bueno que malo, pero de todo. Ahora me cuesta recordar lo menos bueno porque me reconozco la virtud de olvidar rápido los dolores, más aún cuando en mi trabajo convivo diariamente con el conflicto, la desesperación y el dolor, y todo ello me da una perspectiva, muy clara, de lo importante.

Voy a compartir con ustedes, que me siguen y acompañan todo el año, lo más importante de este 2015. Y es que, si mis padres no hubieran comenzado su relación un 21 de diciembre de hace cuarenta años, habría sido imposible que cuarenta años después la “Remembrancia del pecio” hubiese visto la luz de la mano de un novel poeta, ni Carla y Lucas Ferreira estarían viviendo sus primeras Navidades y regalando esperanza e ilusión con su inocencia.

 Lo que tiene esta mágica noche es que la realidad se esconde en un recóndito lugar de cada uno, y las ilusiones y esperanzas, al menos  durante unos instantes, invaden nuestras almas creyendo que todo es posible y quizá, por esa sensación de poder alcanzarlo, lo sea. Tal vez sea un imposible, quizá debamos de intentarlo. ¿Y si en lugar de creer sólo qué es posible, lo intentamos? A lo mejor la fuerza de creerlo y desearlo, con la voluntad de trabajar en ello nos permita que la maravillosa sensación de que todo va a cambiar y de que lo va a hacer para mejor la experimentemos más de una vez al año. Yo lo voy a intentar.

¡Feliz Año Nuevo!

Marta FERREIRA