Miércoles, 26 de febrero de 2020

Optimista

Como para no ser optimistas. ¡Se abre una nueva era! Ahora podremos hacer añicos el consenso logrado hace casi cuarenta años entre las distintas ideologías políticas. Ya era hora de volver a las dos Españas y a la sublime caza de fachas ("darles de hostias", según expresión técnica del podemita supremo). Tenemos ante nosotros la oportunidad de recuperar las colas del pan de la postguerra, las cartillas de racionamiento y el estado de bienestar que nos enseñan la Grecia de Tsipras y la Venezuela chavista. Gracias a las políticas nuevas del comunismo del siglo diecinueve y la socialdemocracia de los años cincuenta, ya no habrá necesidad de trabajar para obtener un sueldo con el que comprar medio kilo de carne al mes y un rollo de papel higiénico por Navidad. Y acabaremos por fin con las exigencias de esfuerzo y disciplina en la educación. Es como para temblar de gozo y esperanza. Confiemos en que no se salgan con la suya los aguafiestas que exigen austeridad, respeto a las leyes y administración rigurosa.

      Pero no sé yo; no las tengo todas conmigo. Con tal de que les aplaudan los organismos internacionales que más pintan en el mundo, los de derechas son capaces de no regalar el poder a los antisistema e insistir en que España no se rompa. Quizá convenga no pasarse de optimismo.

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