Domingo, 25 de octubre de 2020

Las tontunas no cesan

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Tal me pereció, al escuchar las manifestaciones del grupo municipal de Ganemos, que ere el día de los Santos Inocentes y ellos, en su medida pero de forma impropia y cercana a lo burdo, no deseaban otra cosa que realizar una chanza en fecha tan señalada para la risa y el chascarrillo. Nada más lejos de la realidad, ni era 28 de diciembre ni hablaban en broma, se pusieron los más serios que cabe esperar en cargo público, en este caso concejales del Ayuntamiento de Salamanca. A lo largo del tiempo, por sus numerosas ruedas de prensa y comunicados, se adivina en ellos un despiste morrocotudo, una deriva en su andar por la Casa Grande como ediles, han acabado rematadamente mal el año. Si todo lo que tienen que aportar en su trabajo político son cositas como estas, van de mal en peor, caros amigos.

 

Tildar de borrachera colectiva patrocinada por el Ayuntamiento la celebración de la Nochevieja Universitaria, es ‘regar’ fuera del tiesto, buscando un protagonismo que perecen no tener y haciendo oídos sordos a las protestas vecinales de un jueves sí y al otro también por el cierre de la zona de Van Dyck (cada facultad  su fiesta tonta y son muchas) donde los servicios de policía y limpieza nos cuestan pasta; amén de las protestas de los vecinos, el cierre de la circulación y para el que vive por la zona, ajo y agua. Celebrar la Nochevieja Universitaria (los organizadores pagan gastos) se ha convertido en un acontecimiento de alcance internacional y permitirla, traerla aquí tiene muchas más ventajas que inconvenientes, aunque de estos últimos también tenga.

 

Pero el grupo salido de no sé dónde, riza el rizo cuando retrata a los cuarenta y cinco mil universitarios llegados de todas partes a la ciudad de las doradas piedras, hasta la Plaza Mayor, la más hermosa de todas las plazas; llaman a estos jóvenes, me asusta decirlo,  ‘turba embrutecida’, buscando de nuevo titular y protagonismo, y posiblemente sin entender muy bien ni ellos mismos lo que dicen. Ni son turba (multitud desordenada y confusa, según el diccionario) ni estaban embrutecidos; sabían a qué venían, vinieron tranquilos y se marcharon del mismo modo, pese a que entre ellos se colaran unos cuantos desaprensivos, los gamberros de turno, los que no vienen a divertirse sino a cocerse, los tontos de capirote. A pocos de ellos, de los celebrantes de una muy buena fiesta -una al año no hace daño y así debe continuar- no creo que les queden muchas ganas de meter la papeleta con su nombre el próximo día 20.