Jueves, 29 de octubre de 2020

Inoportuna elucubración

Entramos en la última semana de una campaña electoral singular, curiosa, especial, particular y distinta.

Para algunos, quizás sean los últimos rescoldos antes de depositar el voto tras un empacho considerable de una política que se ha colado, quizás como nunca, por todas las grietas imaginables con destino al votante. Para otros, una semana crucial donde se la juegan. Siete días en lo que intentar no meter la cueza más de la cuenta y de paso procurar arañar el máximo de voluntades.

Un elemento crucial  y pivote elemental  de cualquier comicio que se precie son las encuestas. Y en este, tan abierto y multicolor, cobran especial importancia. Pero según mí mermado juicio no de la manera que todos piensan.

El ser humano siempre ha sido especialmente permeable en intentar adelantarse a los acontecimientos, en pretender conocer de antemano lo que iba a suceder. Lo que ancestralmente era magia o paganismo, hoy tiene sus propias leyes, sus propias reglas que auspiciadas por la ciencia intentan plasmar una fotografía con la que saber que pasará. Yo no tengo muy claro que sucederá el domingo, pero lo que sí sé es que hoy en día el tema de los sondeos se ha convertido en un arma más para intentar captar adeptos a la causa.

Las buenas encuestas no se publican. Se las quedan los partidos para consumo interno y así tener una información amplia y útil para lanzar mensaje, tejer estrategia y hasta para planificar las visitas del candidato. Solo hay que ver, por ejemplo, a donde viajará Rajoy o contra quién carga las tintas tal o cual partido político para saber por dónde van las cosas realmente,  la provincia donde se juega votos o en que lugar hay poco que rascar.

La mejor encuesta es la del ataque furibundo. Cuanto más duro se sea con el adversario mayor es el miedo real a perder terreno ante el que critican. Y es porque las encuestas que guardan como uno de los bienes más preciados en estas épocas sufragistas, les marcan el camino.

Y aquí en Salamanca la cosa está clara. Ver al Partido Popular no solo nombrar a Ciudadanos, algo han avanzado, sino centrar la mayor parte de su discurso en atacar a la formación de Rivera tiene un evidente componente medido de escape de voto. Es evidente que los populares no quieren que se repita el castañazo de las municipales e intentan taponar un declive del que los cítricos civis han sacado tajada, y van camino de seguir trincando tasajo.

En el tema del congreso el margen es pequeño. De los cuatro diputados en juego la cosa parece que anda en dos para el PP, uno para Ciudadanos y otro para el PSOE. Aunque yo no daría nada de esto por seguro. No creo que el puño y la rosa tenga el suyo tan fijo, ni que la número dos del PP tenga el escaño en la buchaca. 

Si hablamos del senado charruno, la cosa está más expedita. Porque eso de que sean listas abiertas puede cambiar expectativas y sobre todo abrir mucho más las posibilidades.

Aquí el Partido Popular ha hecho un pan como unas tortas cayendo en el error de ir a contracorriente. Hay que reconocer que en esto son unos rebeldes, unos hippies de la política. Pero es probable que una lista al senado que no gusta a nadie pueda marcar el general de unos resultados para los populares salmantinos.

No es la primera vez en estos días que escucho a muchos de los fieles de la gaviota su negativa a unificar el voto. La verdad es que me extrañó, pero afianzó mi convicción de que eso del granero nunca fue verdad.

Es mucho el votante que ve natural, y hasta tardío, que Bermúdez de Castro  encabece la candidatura popular al congreso. Es salmantino, con peso político dentro y fuera del partido además de reconocible al lado de las dos pes. Pero tantos o más son los que no quieren tragar con las componendas y los equilibrios de una lista al senado a la que muchas veces se trata como actor secundario, y que hacen de la cámara alta un cajón de una enanez preocupante.

Ven a un Robles que apoyado ahora por los que apoyó antes, le han buscado un hueco de segundo nivel al perder su número uno al congreso. Quizás porque antaño se aplaudía lo que ahora no, o porque creen suficiente un paracaidismo que nunca gusta.

 Pero si hay algo que en esta lista popular pocos entienden es que el presidente de la diputación y del partido también quiera ser Senador. Algunos lo leen como simple ambición, otros como “un no voy a ser yo menos”, varios como una manera de acceder al aforamiento, y los más doctos como un tapón. Y me explico, la teoría el tapón es esa de voy yo en la lista para evitar que vayan otros, y como soy el presidente nadie me lo va a discutir. Y si quieren mi opinión yo soy más del tapón, aunque lo demás posibles son de esos que no amargan nunca.

 Pero lo que parece que no se piensa, o si, es que la cosa para que salga medianamente airosa el domingo es necesario mirar hacia fuera en vez de tanto hacia dentro, y que la parte puede marcar al todo. O lo que es lo mismo, que la lista popular al senado pueda lastrar por concepto el resultado final.

La verdad es de los demás senadores, así en general,  poco puedo decir pero esto va a ser lo más parecido a una quiniela. Y no por las cruces que hay que marcar para votar, si no por la imprevisibilidad del resultado y el hartazgo generalizado del respetable.

Tampoco es cuestión de cansarles. Pero se me quedan muchas cosas entre las teclas; Que si el papel secundario de Mañueco en esta campaña está buscado o “recomendado”, si eso de poner la carpa popular justo delante de Bankia se les ha ocurrido a ellos solos o es idea de Podemos. Si el candidato de Ciudadanos al congreso es cunero o no, o si la número uno de Podemos a la cámara baja es verdad que ha pasado del centro derecha a la extrema izquierda por revelación pabliana.

Aunque para todo esto y mucho más solo hay que esperar al domingo por la noche, incluso al lunes por la mañana, y ver lo que realmente pasa en Salamanca y en España.  Hasta entonces no le den más vueltas, todo lo que han leído es fruto de mi inoportuna elucubración…