Lunes, 23 de septiembre de 2019

Sin demócratas no hay democracia

[Img #497416]Tengo la convicción de que el funcionamiento democrático de una sociedad no es un regalo de los dioses, ni mucho menos una concesión graciosa del poder y de los poderosos; por el contrario, es el resultado de la lucha de muchas personas y de la implicación de la mayoría. Para que sea posible una democracia de calidad no es suficiente con un desarrollo legislativo amplio ni con un reconocimiento teórico de derechos y libertades, sino que es imprescindible que las personas asuman  que la tolerancia, el respeto a las opiniones de los demás y el pluralismo son valores básicos, y que todos somos responsables de su desarrollo y de su puesta en práctica. No basta con exigir a los poderes públicos el máximo respeto a la libertad de expresión y los mayores espacios de participación si en nuestros comportamientos no reconocemos esta misma libertad de expresión y capacidad de participación a los demás.

 

                        Viene a cuento este exordio por un hecho sucedido la pasada semana, que ha rozado lo esperpéntico. Por parte de diversas asociaciones (entre ellas la Plataforma de defensa de la sanidad pública y diversos sindicatos de trabajadores) se viene denunciando el grave deterioro de las instalaciones del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, agravadas por los efectos de las obras que se están realizando y que en un futuro aún demasiado lejano culminarán en el nuevo hospital de Salamanca. El periodista de Radiotelevisión Española Javier Laso realizó un reportaje sobre estos hechos en el ejercicio de sus labores profesionales. Entre otras actuaciones realizó unas entrevistas al representante de la Plataforma por la defensa de la sanidad pública, Pablo Unamuno, y a una representante de U.G.T. en dicha plataforma, Susana Sánchez Castro, recogiendo las opiniones de estas personas y de las asociaciones a las que representan con total normalidad. Sin embargo, cometió el grave pecado de querer contar con otras opiniones y realizó varias entrevistas más, entre ellas una a la delegada de prevención de riesgos laborales de Comisiones Obreras, Verónica Domínguez, que además es enfermera del hospital. Y digo que cometió un grave pecado porque los dos primeros entrevistados no admitieron que el periodista contase con opiniones diferentes a las suyas, alegando que se trataba de una utilización partidista de la noticia (cabe señalar el hecho de que tanto Javier Laso como Verónica Domínguez forman parte de la lista de Unidad Popular para las elecciones generales del día 20; sin embargo, la entrevista no se realizó en calidad de tales, sino en la indicada de delegada de prevención de riesgos laborales de un sindicato).

 

                        Los indicados representantes de la plataforma de defensa de la sanidad pública, en un alarde de desprecio por la libertad de expresión y de información, llegaron a enviar un escrito a la dirección de RTVE en el que indicaban que habían tomado la decisión de prohibir la salida en antena de las grabaciones realizadas por el corresponsal de RTVE en la mañana del 2 de diciembre. Espero que se haya tratado de un caso de enajenación mental transitoria y que se hayan arrepentido mil veces de tamaño desatino, porque realmente duele la simple lectura del párrafo transcrito. Después de tantas luchas, de tanto hablar de libertades, de tanta oposición a los intentos del gobierno de amordazar a los ciudadanos y a las ciudadanas, de condenar la patrimonialización de los medios de comunicación, resulta que hay quien se arroga el derecho a prohibir a un medio de información la publicación de una noticia, o a decir a un periodista a quien puede o no puede entrevistar.

 

                        Un desvarío de esta magnitud podría esperarse de quienes siguen creyéndose dueños de vidas y haciendas, pero no es admisible en representantes de asociaciones que se han significado por su admirable lucha en defensa de los derechos ciudadanos más básicos, como es la sanidad pública. Deben entender que quien reivindica con toda justicia derechos democráticos se deslegitima cuando se siente dueño de estos derechos y se los niega a los demás, y deben entender que precisamente la libertad de información es imprescindible para que exista la democracia.

 

                        Estoy convencido de que sabrán rectificar, no solo por evitar su propio descrédito sino por evitar el descrédito de lo que representan, que es mucho más importante y más plural.