Miércoles, 26 de febrero de 2020

Calores invernales

El Banco Mundial alertó hace casi una década de la urgencia en adoptar medidas para frenar el cambio climático. Anteriormente, ya lo hizo la Organización de Naciones Unidas, haciéndose a ambos avisos el mismo caso: ninguno. Se prefiere enterrar la cabeza en la arena, cuán africanos avestruces, a abordar decididamente el problema. Los llamados ecologistas, eQuo evidentemente entre ellos, llevamos años clamando por dar un giro que nos aleje de ese desastre anunciado, que supondrá el aumento acelerado de las temperaturas, pero es más fácil tildarnos de agoreros y otros adjetivos similares. Mientras se discute si son galgos o podencos, aunque evidentemente lo que somos es burros, y que me perdonen los equinos por compararlos con nosotros, estudios de diferentes universidades, así como de la NASA y la ESA, nos avisaron que el deshielo polar había elevado el nivel de los océanos en 11 milímetros, ya en 2012, pero parece que la cosas va aún más rápido de lo que se creía [http://bit.ly/1R2GPBB].

Quiere la cosa que, en varias ocasiones, la Comisión Europea ha llamado la atención sobre la inexistente competencia real en el mercado eléctrico y petrolero español, haciéndose siempre caso omiso a tales advertencias. De hecho, se siguen otorgando beneficios extraordinarios a centrales amortizadas, sean nucleares o de cualquier otro tipo, cosa que no es de extrañar viendo que gran cantidad de antiguos cargos terminan en dichas compañías como asesores, con retribuciones nada despreciables: será por los servicios prestados, o por evitar que se haga, que luego me quedo sin esos suculentos cientos de miles de euros [http://bit.ly/11UOSo7]. Mira que soy terrorista, meterme con la gente que se ha dejado “la piel en el pellejo” para el bienestar de todos. Si no fuera porque ya nos avisaron que ciertos políticos están en esto de la política para forrarse, hasta podríamos creerlo. Y estoy plenamente convencido que hay mucha gente que está en política por ganas de hacer cosas por el bien común, no buscando convertirlo en una profesión.

Un país, el nuestro, cuya dependencia energética es muy acusada, ya que supone el 5% de nuestro Producto Interior Bruto, y el 85% de nuestro déficit comercial, y que será de los que más afectados resultará por los cambios climáticos que se producirán, al encontrarnos en una zona de transición entre los climas tropical y templado. A pesar de ello, como digo, nuestras emisiones de CO2, en los últimos años, aumentaron un tercio, dejando claro que no tenemos la más mínima intención de corregir el rumbo; al contrario, pues el Gobierno se ha empeñado en prolongar la vida de la central nuclear de Santa María de Garoña, dejando incluso de lado a las propias compañías eléctricas, que no quieren saber nada del asunto [http://bit.ly/Uf2CDD]. ¡Cosas veredes, Cid, que farán fablar las piedras!

¡Órdago a grande! Podría decirse, usando una de las expresiones utilizadas en el popular juego del mus, para revertir la situación, pues habría que cambiar sustancialmente multitud de cosas, desde la forma de trabajar, fomentando, por ejemplo, el teletrabajo, pasando por una mejor, y más provechosa, Ordenación Territorial (OT), hasta llegar a la forma de relacionarnos, dejando de lado el gasto de tanto combustible para desplazamientos. Claro que lo de la OT habría que ponerla en manos de gente competente y sin interferencias políticas, pues actualmente suelen ejecutarse a favor de comportamientos caciquiles, donde prima tanto el amiguismo como el partidismo, mientras se hace gala de la más absoluta ignorancia en lo que se refiere a lo comunal… salvo en las pérdidas, que esas sí son nacionalizadas.