Domingo, 15 de septiembre de 2019

Barcelona, Barcelona

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27/noviembre/viernes

 

Viaje a Barcelona. Siete horas por delante. Tren Alvia. Pero vías antiguas. Me dedico a la lectura. “El viaje prodigioso”, de Manu Leguineche. Me lo regaló hace años el gran periodista y amigo que siempre recordaré. Tipo generoso, humano, vital. Pero un día la enfermedad le prohibió seguir cruzando fronteras. En este libro Manu se apoya en la historiadora y escritora María Antonia Velasco. Es un análisis pormenorizado y a la vez fantasioso de la primera cruzada, hace 900 años. Una historia de locura colectiva que sembró Europa y Oriente Medio de muerte. Me hizo pensar la lectura de este libro lo que hacen los yijadistas ahora: fanáticos de un dios al que le vale todo. Cruzados de antes y cruzados sin cruz en estos tiempos como si no hubieran pasado 500 años. Eso es lo que se argumenta ahora: que estos hijos de Alá, estos nietos de Mahoma, van con 500 años de retraso. La religión, siempre la religión, más como resentimiento que como generosidad.

 

28/noviembre/sábado

 

Barcelona es la ciudad completa, llena de vida y misterio, de clima dulce Mediterráneo, de la mañana a la tarde luz y sol. La ciudad es un hervidero de coches y motos; motos por todos los lados, encima de las aceras y sorteando a los coches hasta pararse en los semáforos como vigías. Cuando se enciende la luz verde salen todos los motoristas con la prisa de una competición. Me agobia. Ya mi espíritu es más provincial, de ciudad media o  pequeña.

Hace tiempo que no llueve en Barcelona, se nota en las calles estrechas del barrio de Gracia, tan propio, tan genuino, o el barrio Gótico, de belleza única, con su catedral, sus palacios, su iglesia de Santa María del Mar, de traza exclusiva, maravillosa joya catalana llamada también la catedral del mar por Ildefonso Falcones en una novela de escaso contenido literario pero que fue un best seller. La Barcelona en que yo viví en la década de los setenta y principios de los ochenta sigue ahí, porque el recuerdo hace de lo de ayer imágenes para hoy. La plaza Cataluña, donde estaba RNE, donde yo trabajé, las Ramblas, con su mundo variopinto, multiétnico, inclasificable. Un retrato de la Barcelona abierta y universal, ajena a la cerrazón independentista que ahora todo lo ocupa.

Turistas por todas partes que visitan el Paseo de Gracia, la Pedrera de Gaudí, o la casa Batlló, edificios del modernismo catalán, o la inconclusa Sagrada Familia o el Parque Güel, también del arquitecto que murió atropellado por un tranvía en la plaza Lessep juntó a la Avenida República Argentina. Hacia el noroeste Barcelona es otra, elegante, estilosa, única, burguesa, con otro olor, de edificios señoriales, de jardines cuidadísimos.

Barcelona está atravesada por una lanza llamada Diagonal. Y aunque es una misma ciudad, hay zonas, barrios, vidas y políticas muy diferentes, aunque casi todas se encuentran en el Camp Nou, donde juega el Barça, "mucho más que un club..." Esto lo escribió en su día el gran escritor Vázquez Montalbán, pero como en esa época perdía muchos partidos añadió: "pero menos que un equipo de fútbol". Pero ahora lo gana todo y los catalanes son felices a pesar de los políticos que les desgobiernan.

Por la noche Barcelona ya está engalanada de luces navideñas y el ritmo por la ciudad es amable, despreocupado, familiar incluso. Y es que los catalanes son muy familiares, muy de grupo. Estos días los restaurantes se llenan de collas, de compañeros de trabajo o de viejos compañeros de colegio que celebran los días al rededor de varias bandejas de "pa amb tomacat", calçots, carnes a la brasa y todo tipo de cocina catalana.

El catalán es respetuoso, tranquilo, ajeno a las voces y los gritos. La gente, contrariamente a lo que se dice, no es tacaña; lo que sucede es que en general tiene otro sentido de las cosas y el dinero no lo malgastan, excepto los políticos, que lo tiran porque no es suyo, o se lo roban al pueblo, como han hecho los Pujol y otros elementos a los que sus conmilitones no les piden cuentas. Y es que Cataluña está dominada por 2000 familias de apellido catalán, aunque los apellidos más abundantes son López, Fernández, Gómez o Rodríguez. Pero la estructura de Cataluña está diseñada desde hace muchos años: y es un diseño exclusivo y catalanista. Desde los clubs de excursionismo hasta los de todo tipo de deporte, desde los ateneos hasta las asociaciones de jubilados de la petanca. Cataluña, y la deriva de Cataluña, no es una casualidad. La otra parte del problema lo ponen los gobernantes de España, los Rajoy y compañía, que no han sabido afrontar el problema con el talento que requiere un problema tan complejo y tan vital para España.

29/noviembre/domingo

 

Barcelona en domingo es una ciudad tranquila, relajada, sin prisa, de vermut casero y anchoas de la Escala. Gente de paseo, de ojeada al escaparate y mirar desenfadado. La gente no parece preocupada por las noticias que generan sus políticos en los medios de comunicación. Es una sensación que lleva a pensar que hay una Cataluña real y otra oficial. Un poco como en todos los sitios. Y es que siempre habrá un mundo que vive y trabaja, que se preocupa del día a día, y otro que anda a la que salta, esperando el despiste del confiado. Esta es una Barcelona de sol en pleno invierno, como una metáfora de la vida, siempre a la contra.