Viernes, 17 de agosto de 2018

La trashumancia

Dos veces al año me despiertan las campanitas, esas que las ovejas llevan colgadas del cuello, cuando el sol está todavía del otro lado del mundo. La respuesta de mi cuerpo dormido es inmediata: la emoción me planta de un brinco frente a la ventana, que, sea invierno o sea verano, abro de par...


De rejas, cercas, vallas y alambradas

Salieron en las fotos, ¿los viste? Y mientras me pregunta, la voz se le desgaja a la manera de las ramas secas, con igual crujido. Me mira entonces, cansada de hablar y de no hablar, de intentar explicarse, cansada de la noche que pasaron esa noche en su casa me mira, con un gesto cargado de...

Los eclipses

Da vueltas pero solo le vemos un lado, en el otro qué habrá, no lo sabremos. Y, cuando pienso en ello, me parece triste, esa cara siempre oculta a nuestros ojos, al amor que, tantas veces, la mira. Una pelota suspendida de la nada por efecto de su giro, de su velocidad, por qué no se cae, solía ...

Masaya

La tela es de color azul, blanco, azul. Parece un cielo de verano, así apacible, al canto de la tarde que hace de miel y se desliza sobre el volcán de Masaya, allí, a kilómetros de mar, del otro lado del océano. Las casitas del pueblo son de muchos colores. En el mercado hay frutas, hortalizas, ...

Auschwitz

Volaba un pájaro sobre nuestras cabezas y rompía el azul electrizado de un horizonte a gritos. Cómo explicar esa extensión de tierra, plana, ancha, vacía de la posibilidad de decir algo, cualquier cosa, que la describa. Cómo hablar de esa línea que fue cruzada por los seres humanos después de...

Los soles quietos

Entonces llega el tiempo de volver a volar, de poner lo mínimo indispensable en la cajita de asas, de desnudar los pies, de aligerarse. El sol, esa nuestra estrella toda fusión que convierte el hidrógeno en helio a velocidad incandescente, decide alzarse más que nunca y mirar, con curiosidad,...

El techo de cristal

Mi abuela me llevaba de la mano hasta aquel lugar en el que ella trabajaba. Debíamos caminar veinte calles y, cuando íbamos por la décima, yo, que en aquel tiempo tenía que dar tres o cuatro pasos por cada uno de los suyos, le preguntaba que si ya por fin íbamos a llegar. Ella me decía que ya...

Salamanca de época

Cerraron el paso a los coches para decir acción y empezar a filmar, pero era la hora de llegar al trabajo y algunos conductores se desesperaron. Habían puesto un automóvil de época en la boca del puente romano, ese puente que ya tiene época para hacer de escenario, igual que la ciudad y su...

Lo tan pequeño

Uno de los truenos entró por mi ventana aquel lunes de tormenta. Era mucho más que ruido, entró convertido en otra cosa y el cuerpo me empezó a temblar. Tuve, por un momento, la ilusión de haber sido transportada a otro escenario, ya no era yo quien escribía al lado de la ventana con vistas al...

Hansel, sus migajas. Y la nueva ley de protección de datos

Por fin. Ha llegado el gran día. Hoy es veinticinco de mayo, y yo he recibido cientos de cartas en las que me piden que diga que sí, que ahora sí serán buenos, que por favor. Hoy entra en vigor (qué expresión tan extraña: entrar-en-vigor, entrar en lo erguido en la fuerza y por fuerza, o no,...

Tú y yo, ¿en qué nos parecemos?

Imagina que llegan porque están heridos. Entonces los acoges, les dices que todo estará bien, que sientes muchísimo lo que ha sucedido. Poco a poco se van recuperando y, cuando ya tienen cerradas las grietas, descubren que les gusta tu casa. Que les gustan tu tierra, los lugares de sembrar, el...

Los libros. Esta carta de amor

Te llamabas Zoro y tenías olor a hojas recién amasadas, yo metía mi nariz en ti como si no hubiera otra manera de tener lo más puro del aire, como si solo se pudiera vivir al respirarte. Habías llegado a casa de puntillas, un día te encontré allí sobre la mesa de noche de mi madre, entreabierto ...

Yo sí te creo, mujer

La semana pasada enmudecí por causa de aquella sentencia que volvía a castigarla, como si hubiera sido poco, como si no hubiera importado, como si su cuerpo fuera nada más que aquello que se ultraja, de trapo, una muñeca rota. Todas. Todas las palabras se aquietaron sofocadas por el dictamen que...

La hipótesis Gaia

Sabe lo que hace. Siempre ha sabido lo que hace. Cuando todo estaba naciendo y el sol lanzaba sus ráfagas de calor insoportable, el plancton de sus océanos se reprodujo muy rápido. Teniendo más plancton en el agua se generaron gases en el aire que supieron protegerla con un manto más fresco....

Háblame de Lobito

Dime, José, ¿qué es lo que más echas de menos? Bailar, contesta. Estar todos juntos y bailar con los brazos puestos hacia arriba, como recibiendo. También a su familia, dice, tiene dos niños pequeños y su mujer trabaja desde el amanecer hasta que el sol se hunde, en su casa trabajan ambos...

La razón del agua

Hace tiempo que no llovía tanto y, esta vez, el río ha decidido que no puede más. El río ama la lluvia y la recibe a pecho abierto, se llena de ella, se deja empapar, pero esta vez ha decidido que no puede más porque no está preparado para tanto llanto. Entonces ha perdido el control y ha...

Tiempo de tambores

Es tiempo de tambores y de ruidos secos, de crujidos de matraca que despiertan a medianoche y anuncian la cercanía de los cirios y el olor a incienso, la marcha de los cuerpos cubiertos por sombreros picudos, por mantos enormes, el susurro de los pies, ay los pies, descalzos y arrastrados,...

Días que abren

Caminas con los párpados cerrados para que el frío no te agriete la pupila cuando de pronto la ves, aterida y coloreada, casi a destiempo inaugurando el aullido de la sangre que se altera cuando la primavera aterriza, por fin, sobre el suelo que se rompe para abrirle paso. Asoma cargada de...

Lo irracional de pi

Supongamos que usted quiere saber cuánto mide el perímetro de algo redondo y carece de cinta métrica. En circunstancia tal, medir el perímetro de un cuadrado sería sencillo pues bastaría con conocer el tamaño de su palmo (esa distancia entre su pulgar y su meñique cuando usted abre los dedos),...

Hombres buenos

Se sentaba a mi lado y me cuidaba las fiebres. En aquel tiempo yo tenía siete años y tenía mucho dolor de cabeza por causa de una gripe extendida, de estornudo en estornudo, por todas las gargantas del colegio. Me quedaba dormida escuchando el cuento que me estaba leyendo y, de pronto, me...

Para romper la noche

Su casa está en el quinto piso de un edificio azul. Esa tarde la niña debería estar haciendo sus deberes pero se ha distraído mirando la planta que crece. Allí, sobre la capa de algodón empapado en la embocadura del frasco en donde hace apenas dos semanas dejó puesta una alubia de color rojo...

Cuando la luz se derrama

Era otra mi columna de hoy, esta urgencia ha llegado de repente. Hoy parece necesario hablar de aquello que sucede, en la garganta, cuando alguien que te ha enseñado a abrir los ojos los cierra para siempre. Lo cierto es que él estaba ahí, cada mañana, haciéndote reír con el veneno de una...

Hablar aquí, hablar allá

Aquella tarde yo tenía mucha sed y el oro bruñido al sol de aquellas frutas me hizo la boca agua. Entonces me acerqué para comprar unas cuantas y, cuando llegó mi turno, le pedí al frutero que me vendiera, por favor, un kilo de duraznos. Él se quedó mirándome, desconcertado, y, un segundo más...

Músicos que te pulsan la vida

Se llamaba Felipe y tenía esa barba tan blanca, con un halo color paja que enmarcaba la comisura de sus labios. No recuerdo en qué momento apareció en el paisaje de mis paseos por la ciudad, pero sí recuerdo que el día que no estuvo lo eché terriblemente de menos. Tenía las uñas de la mano derecha...