En marzo de 2022 Pedro Sánchez envió una carta a Mohamed VI en la que venía a reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, contradiciendo así la política tradicional de España de dar por bueno el derecho a la independencia de dicho territorio y un referéndum de autodeterminación. La misiva no aludía en ningún momento a la españolidad de Ceuta y Melilla, con lo que nuestro país se quedaba sin ninguna baza con la que defender nuestros enclaves.
De entones a acá las cosas no han ido más que de mal a peor, con un Estados Unidos que ha pasado de aliado de España a crítico con la actuación de nuestra nación en todos los frentes, mientras que estrecha sus lazos con el país del Magreb.
Nunca como ahora Norteamérica y Marruecos han estado más a partir un piñón, con entrega de Estados Unidos de material bélico y la realización de maniobras militares conjuntas sin precedentes. Con lo cual vale decir que las pretensiones el país alauí sobre las dos ciudades españolas no encontrarían en el país de la OTAN la oposición que cabría esperar.
Para empezar, la OTAN no cubriría la defensa de las dos plazas fuertes, al quedar en principio fuera del tratado de la Alianza Atlántica. Pero es más, comienzan sutiles movimientos dentro de los USA para mirar con simpatía la marroquinidad de Ceuta y Melilla. Recientemente, un informe de un subcomité del Congreso situaba a nuestras ciudades en el norte de Marruecos y no fuera de él, como cabría esperar. El informe no tiene carácter normativo, por supuesto, pero supone una brecha en la consideración como españolas de las dos plazas fuertes.
Estamos, pues, ante un futuro incierto de la españolidad de Ceuta y Melilla que pasa en gran medida por la actitud de Estados Unidos, en luna de miel con el régimen de Rabat. Por eso resulta imperioso restablecer el diálogo y las buenas relaciones con Washington antes de que una marcha verde o cualquier acción similar pongan en peligro la cornisa sur de nuestro país.