CULTURA
Actualizado 10/05/2026 09:35:53
Charo Alonso

El autor salmantino dio una lección de periodismo, narrativa y compromiso en su cita con los lectores de la Feria del Libro

Viene con su primera novela el salmantino de la Raya Javier Tolentino, pero no elude ningún tema y se muestra, como durante toda su trayectoria periodística, comprometido, curioso, expectante. En pleno trabajo finalizando su segundo documental largo, Tolentino, sinónimo de cine en las ondas, maestro de periodistas, autor de numerosos ensayos, director y ahora, inesperado y apasionado novelista, hace un alto para venir a hablar de cobardes que se quedan y se van de la ciudad provinciana, de una novela que sorprende al lector y ha sido publicada por Sílex con una hermosa portada de Carlos García Alix.

Viaje por la geografía de ese mundo que ha recorrido el autor con su trabajo, la historia de Martín Navas Karimi, “Diario de un cobarde en el fin del mundo” es la de la cultura actual, la única libertad que nos queda auténticamente cosmopolita. El protagonista, cuyo nombre homenajea a Basilio Martín Patino, el director de Salamanca que enseñó tantas cosas a Tolentino y a quien inspiró un ensayo biográfico, es un europeo de origen iraní, lo que sitúa al autor en ese punto intuitivo de todo escritor que en cierto modo anticipa la realidad: la obra se inicia en un viaje en barco en la Patagonia, felizmente sin hantavirus, y habla de un Irán libre, ese que según Tolentino, ha sido secuestrado por los fanáticos y ahora quiere borrar de la faz de la tierra un presidente enloquecido: “Se quiere destruir el mundo justo donde se inició”.

Tolentino, que aprendió de Martín Patino y de Unamuno a hablar de Salamanca y amarla sin encumbrarla, es el perfecto primer espada para abrir la Feria de Salamanca. Una Feria, que lamenta el autor, ha llevado los encuentros con los autores más allá de la Plaza. Esa Plaza tan querida para este viajero del mundo que reconoce en la ciudad un pulso entre la tierra, el comercio y la universidad. Esa Salamanca conservadora de la que salió Patino y en la que se quedó Unamuno, a quien recuerda Tolentino consciente de que debe estudiarse hasta el último recurso la verdad de su muert. La última vez que vino a Salamanca Tolentino fue a hablar en la Casa Museo del rector, a quien homenajea en su novela cuando Navas Karimi va a buscar a su autor, como el Augusto Pérez de “Niebla”. Un personaje libre que se corresponde, según Tolentino, con esta vida en la que las personas viajan y trabajan en diversos lugares. Un mundo sin apenas fronteras donde, pese a todas las dificultades, el periodista debe ser libre, como el cineasta, el escritor. Un mundo marcado por los grandes grupos editoriales donde es difícil sentirse libre, cierto, pero donde “si haya pasión, si hay sentimiento hay que seguir rodando, escribiendo”.

Tolentino ha escrito una novela caleidoscópica, una novela histórica que narra la geopolítica del presente y recupera a un personaje real del pasado iraní, una mujer libre en sus ideas, una novela de intriga, una novela de amor, una novela que, para Emma García, cabeza de esta Feria a la que tanto agradece Tolentino, tiene una cadencia y un ritmo que nos recuerda al mejor periodista de radio dueño de sus silencios y de su voz. Una voz que fluye como el agua y que, desde ciertas libertades muy reseñables, narra una historia que engancha al lector, retrata nuestro complejo mundo y le da al autor la oportunidad de ser libre. Libre para volar entre las páginas que ofrece al lector curioso, al lector nada cobarde… ahí, desde el fin del mundo que hoy es la ciudad provinciana de un niño que en su infancia de cama de enfermo recibió dos regalos: una radio y una máquina de escribir. Siempre nuestro y admirable, Javier Tolentino, la figura inigualable para abrir la Feria del Libro de Salamanca.

Charo Alonso. Fotografía: David Sañudo.

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