Nunca ha sido habitual contemplar los procesos de aprendizaje de los pájaros. En ellos se ejerce un proceso cronometrado que prima la supervivencia por encima de la crianza a la que están acostumbrados los mamíferos. No hay protección, sino el nido. El amasijo de ramas y otros objetos que disciplinan el plumaje de las aves que conseguirán sobrevivir. Los pájaros que acechan, el tiempo que persigue y la inevitable caída al suelo. Un pequeño pájaro se suma a la nómina de pías almas en el limbo.
Se ha hablado en múltiples ocasiones de la necesidad de obstáculos y problemas en el trayecto para asegurar una correcta crianza. Lidiar con la frustración, saber atenerse y reaccionar con tanta rapidez como solvencia los problemas son los baluartes de un método a priori igualitario. Al ahondar en las condiciones propias y ajenas, este poder igualatorio de la enseñanza destapa su farsa. Nada que ver con esa muerte que pintaba Valdés, de esa balanza espeluznante y del espectro atmosférico que desprende lo putrefacto. Simplemente los malos usos de la enseñanza en aras de una cultura del esfuerzo que apenas guarda relación con la realidad. No existe, pues, una igualdad en las condiciones de las que parte cada especie de pájaro. El cuco nace en un en torno que no le corresponde como medio de asegurar su estirpe. Los pingüinos se enfrentan a un paraje desértico cada vez más fragmentario e inhabitable. Las gallinas están hacinadas en macrogranjas con una simulación cruel del sol. Ninguno de ellos conocen cuántos días de vida les quedan por delante, a qué metamorfosis deben someterse como forma de asegurarse una estancia en el vuelo, aunque sus alas no delaten su capacidad. Cabría preguntarse cuánto de arbitrario es el obstáculo y cuánto de necesario se vuelve para asegurar un correcto aprendizaje. Así como cuánto hay de mano humana en el capricho de creerse la víctima perfecta de un cuento de nunca acabar. ¿Cuántas veces la piedra se puso a propósito? ¿Cuántas veces fue excusa para justificar las palabras? ¿Qué tanto queda de nosotros en la estela invisible del esfuerzo?
Manos y vocabulario sin duda.