OPINIóN
Actualizado 04/05/2026 13:56:07
Francisco Delgado

Este último año y medio de ambiente prebélico generalizado ha mostrado cómo la mayoría de la población actual se rige por el impulso a destruir; hay otra minoría que se identifica con el grito de la protesta contra tanto odio y destrucción y, en tercer lugar, hay otra minoría que tiene como primer objetivo vital la construcción o creación artística, que no solamente señala la imagen destructiva que nos rodea, sino que transforma sus vivencias de angustia, temor, esperanza…en creaciones nuevas en torno a la belleza.

Siempre ha habido esta división en la historia de la Humanidad, pero, parece, desde la Segunda Guerra Mundial, que algo esencial ha cambiado en el hombre contemporáneo que ha incrementado significativamente su destructividad y su desesperanza en los planteamientos democráticos de paz y progreso.

La epidemia del virus Covid19, convertida en una experiencia traumática que aún está presente en nuestras vidas, con el temor a la muerte, la dificultad de creer en la ciencia como salvadora y el aumento de grandes desigualdades económicas en la mayoría de sociedades ha potenciado el sentimiento de envidia de los más numerosos que se sienten desposeídos y poco seguros de sobrevivir hacia los que están a salvo de la ruina

El sentimiento de envidia está en la base de la agresión al Otro, al diferente. Pero el ser humano es tan poco coherente con sus supuestos pensamientos lógicos, que no solo los que no poseen envidian a los poderosos, sino también los poderosos pueden envidiar destructivamente a los desposeídos. Cuando hace unos días el Presidente de EEUU, D. Trump, gritó amenazadoramente a Irán, para que lo oyera todo el mundo, que Irán y toda su largo historia desaparecería del mapa en breve si no cedía a abrir el estrecho de Ormuz y/o renunciaba a la posesión de la bomba atómica, la mayoría pensamos si EEUU desea el petróleo iraní hasta poder ejecutar un ataque nuclear, o es la capacidad estratégica y de poder que le da las peculiaridades del estrecho de Ormuz, la que envidia tanto, o quizás su larga y espectacular historia cívica lo que desea.

El ciudadano medio también se pregunta qué es lo que desea tanto la Rusia de Putin intentando apoderarse de Ucrania, para que esté dispuesto a perder miles de vidas y de infraestructuras tecnológicas propias. A no ser que esté convencido de que ser el agresor y futuro vencedor de Ucrania le convertiría en el ejército más temido y dominante frente a Europa.

La única salvación de la especie humana es la aceptación de los propios límites, capacidades, bienes, aspiraciones: la falta de algo como motor constructivo y creativo. Pues la no aceptación de los propios límites siempre conduce al vasto territorio de la locura.

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