OPINIóN
Actualizado 04/05/2026 13:33:11
Charo Alonso

Los que vamos a trabajar caminamos con prisa, seguros del recorrido, sin mirar a nuestro alrededor en el paseo madrugador al lugar de nuestro afán. Sin embargo, apenas conscientes de su recreo obligado, los que olvidan la alegría jubilosa de la jubilación, caminan sin rumbo, obligados por la inercia, dispuestos a buscar el sol, el asiento, el banco de la costumbre y la charla, pero dispersos, alejados de toda tarea, dispensados de todo horario y toda prisa.

En el lugar donde ahora vive mi madre hay un pasillo de los pasos perdidos. Van y vienen atentos a no enredar el andador en las ruedas del otro, las piernas que se arrastran, la silla de ruedas que se empuja con lentitud. Me pregunto cuántos kilómetros de inquietud se hacen al día, o sencillamente, cuántas idas y venidas de acompañamiento, animando ese paso más, ese empeño por seguir erguidos.

Cae la lluvia mansa de mayo como un regalo sobre el campo verde y sediento pese al invierno de lluvias extrañas. Y la luz se refleja en el agua, regalo de días largos y tardes lentas. Ahí donde reside mi inquietud, el tiempo se puntea de desayunos, comidas y cenas, pastillas comulgadas a mala gala, pasos de visita que alegran el pasillo de los pasos perdidos. Afuera, la calle que recorro ya no se llama como se llamaba, ahora es mi vía de la Amargura y a veces la llevo mejor y otras, se tiñe de lágrimas y se desenfoca. También cuando llueve me mojo, como las demás y pienso que ellas, en su retiro cuidado, mimado, protegido de toda perturbación y hasta de sí mismas, no lo hacen. Sus cabecitas inclinadas para el beso y el abrazo, tronchado el tallo, están secas, repeinadas, huelen a colonia, a trenza recién hecha porque ella, la mía, mantiene el pelo largo de su capricho. Llueve sobre mí la lluvia que es lágrima, y en ella, la ducha es demorada caricia ajena sobre en la cabeza bendita. Y me sacudo como se sacude el perro, resignada a vivir en la intemperie. A ser madre de madre, huérfana con duelo, visitante ocasional, caminante de esa, mi particular calle de la amargura.

Charo Alonso. Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.

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