La salmantina comparte los retos de la crianza en solitario y cómo compagina la maternidad con su vida laboral
El concepto tradicional de familia ha evolucionado y, con motivo del Día de la Madre, afloran historias que reflejan esta nueva realidad social. La salmantina Irene Alférez comparte con SALAMANCArtv AL DÍA su experiencia como cabeza de una familia monoparental, un camino que ha culminado con el nacimiento de su hija Ana cuando ella tenía 49 años.
Con un instinto maternal muy desarrollado desde los 20 años y criada en el seno de una familia numerosa de cinco hermanos, siempre ha sabido que quería tener hijos. Sin embargo, las circunstancias de la vida actual la llevaron a posponer este deseo para poder desarrollar su carrera profesional.
Tras aplazar la decisión durante años al no contar con una pareja adecuada para formar una familia tradicional, decidió dar el paso en solitario. "Llegó un momento que tuve que poner manos a la obra", ha explicado la protagonista, quien ha logrado formar la familia que tanto anhelaba.
El proceso no ha estado exento de dificultades y retrasos. Irene empezó a formalizar el tratamiento con 45 años, justo cuando se encontraba trabajando en Asturias. En ese momento, una oferta laboral la trajo de vuelta a Salamanca, lo que supuso una primera pausa en su proyecto vital.
Posteriormente, la pandemia paralizó nuevamente sus planes. "Empiezo aquí en Salamanca y nos vino la pandemia, con lo cual, dos años también parados", explica. Finalmente, se quedó embarazada con 48 años y dio a luz a su hija Ana con 49 años.
A pesar de que inicialmente deseaba tener tres hijos, la llegada de su pequeña ha supuesto la culminación de su sueño. "Una niña preciosa, lo que yo quería", afirma con satisfacción, dejando la puerta abierta a futuras ampliaciones familiares mediante otras vías, aunque por el momento se centra en la crianza de Ana.
Los inicios de la maternidad han estado marcados por la felicidad. Durante el primer mes, ha contado con el apoyo fundamental de su hermana en casa para afrontar la recuperación. Una vez superada esta etapa, se ha enfrentado al reto de la crianza en solitario. "Hay que organizarse muy bien al principio. Un poco por instinto, lo que te dice tu intuición y tu corazón", ha detallado. Afortunadamente, ha contado con la ventaja de que su hija ha comido y ha dormido muy bien desde pequeña, lo que le ha permitido descansar y reincorporarse a la vida laboral.
En la actualidad, con la niña a punto de cumplir cuatro años, la rutina es estricta. "Tengo que planificar todo mucho y llevarlo muy organizado, porque al final yo estoy sola para todo", ha reconocido, aunque ha matizado que, al hablar con padres de familias tradicionales, percibe que "tenemos todos los mismos agobios".
A medida que Ana crece, han comenzado a surgir las preguntas naturales sobre la ausencia de una figura paterna. Para abordar este tema, Irene se ha anticipado utilizando cuentos infantiles que explican los diferentes modelos de familia. "Se les hace ver que es un modelo de familia diferente, pero que somos una familia feliz igual que todas", ha subrayado.
La niña cuenta además con la figura muy presente de su padrino. Ante las dudas de la pequeña, el mensaje de su madre ha sido claro y directo: "Yo soy mamá y papá, tienes una mamá y punto". Irene ha destacado que su hija vive su realidad con total normalidad.
Afrontar la maternidad en solitario requiere también una sólida planificación económica. Irene ha reconocido la importancia de contar con una buena posición laboral, ya que los gastos no se comparten. Curiosamente, ha experimentado en primera persona el dicho de que los niños vienen con un pan bajo el brazo. "A las semanas me han ido llegando oportunidades laborales, ingresos que no esperaba", ha confesado.
Para concluir, la salmantina ha querido enviar un mensaje de aliento a todas aquellas mujeres que se encuentran en una situación similar y dudan si dar el paso. "Animo a toda la que tenga el instinto maternal que yo tenía a que lo intente, que no se quede con las ganas", ha concluido, recordando que, aunque exige sacrificios, es una experiencia maravillosa que cada vez es más común en nuestra sociedad.