OPINIóN
Actualizado 29/04/2026 07:58:27
Toño Blázquez

Formamos equipo varias Ferias de los 80. Tenía pelo todavía y era, del grupo, el mayor. Un respeto, pues. Fermín era un tipo amable y respetuoso en la contienda de las relaciones personales. Escribía valiente y defendía el trapío del toro por encima de todo, pero calibraba bien el tiro cuando hablaba de toreros.

Era un tipo bondadoso y hablar de toros (como suele suceder en casos similares de personas enamoradas por siempre y para siempre de la fiesta de los toros) su mejor, y más entretenido fundamento.

Entre vinosespañoles, faranduleo taurino y teléfonos radiofónicos (también cuando existía el papel periódico, que ahí empezó todo), se nos fue yendo la vida a una generación de engatusados taurinos que llenaron páginas en los diarios locales y demás medios de comunicación, del detalle, la ampulosidad, el arte y la tragedia de un espectáculo que se rompe cada paseíllo en la memoria del espectador para componerse rápidamente en el recuerdo caprichoso y sutil. Para volver a surgir, para volver a romperse. Tal que una puesta de sol abrazada a una tristeza de oro para ser después la hermosa y jovial mariposa que despega de la oruga.

De todas esas cosas tenemos que hablar Fermín, en la Barrio de la Vega, cerquita de un café.

De toda esa mundanal existencia, con la pasión en las manos, en la escritura, en la actitud, en la tauromaquia, hablaba yo hace pocos años en un libro. Te llamé. Tenemos que hablar, Fermín.

Para explicar a nuestros oyentes y lectores lo inexplicable del arte de torear.

Con una vieja Olivetti, en un folio con tachaduras, por teléfono, por fax, por email, por WhatsApp, o charlando del natural de Morante por estos días tan desconocidos y atropellados…nos iremos comunicando amigo Fermín.

Tenemos que hablar.

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