Pocas personas especialistas en educación y psicología pueden creer que veinte educadores y setenta niñas y niños de protección a la infancia se sientan familia. Desde luego parece más una tribu o manada.
Las casas escuela Fundación Mil Caminos Santiago Uno acaban de recorrer Portugal en diez furgonetas: Lisboa, Cascais, Sintra, Nazaret, Óbidos, Aveiro, Oporto, Guimaraes, bicicletas, playa, ríos,barco, etc. Una semana sin turnos, ni primas de viaje, una semana de generosidad.
Desde algún altar de la administración pueden sospechar poca profesionalidad, algo que para mí es lo mínimo exigible. Pueden acusarnos de excesivo riesgo. Lo más tedioso, la cantidad de permisos para niños a veces sin papeles y sin país, no sólo sin familia. Una burocracia deshumanizante.
Alguien pensará que nos pagan mucho por plaza. Es la Comunidad que menos paga. Yo me pregunto qué hacen los demás con el dinero. A nosotros nos da para un sueldo digno a los educadores y la mayoría revierte en los niños. El por qué la llamada pública sale mucho más cara y con menos servicios, tendrían que revisarlo. Yo me siento más público.
Distintas edades, distintas capacidades, diferentes géneros, distintas nacionalidades, distintas emociones y formas de relacionarse. Hemos disfrutado de maravillosas sonrisas, sorprendentes talentos de niños descartados de la escuela que brillan en historia, botánica, música, baile, orientación, etc. Los mayores ayudando a los pequeños, jugando con ellos, recuperando la infancia robada.
Qué complicidad tan admirable con educadoras y educadores. Fascinante cómo todos sacan su mejor versión. El navegante perfecto que diseña el viaje y nos guía, quien tiene la loca idea de las diez furgonetas, los que se quedan, quien hace las listas y pide los permisos, convencer técnicos y familiares, repartir los dineros, preparar higiene y comida, hacer los cuadernillos, etc. Una escuela viajera solidaria que no emula una patera pero tampoco es sólo un capricho. Es una herramienta para fomentar la igualdad de oportunidades, apostar por vicios sanos, abrir la mente y conocer otras lenguas y culturas. No queremos educación sólo paliativa para niños inocentes de las atrocidades de los adultos. Queremos soñar con ellos que podemos cocrear familias alternativas, sin etiquetas.
Es real, se puede construir una buena vida que quieran vivir sin rendirse. Merece la pena el esfuerzo de unos y otros.
Somos el último recurso, cuando fallan las familias legales, cuando falla la escuela, cuando fallan los derechos del niño. Viajamos para curar heridas, no para conquistar.