Llevaba al cuello un pañuelo
que le había regalado,
como si fuera un señuelo
de aquel amor embrujado.
Ojos verdes la miraban,
el cielo como testigo,
y sus pupilas hablaban
palabras que nunca dijo.
El sol, padrino de bodas,
la mar, de azul el abrigo,
y en el corazón la vida
anunciándole el camino.
Labios sellaron el pacto,
ilusiones en la almohada,
hoy cumplen bodas de oro:
¡Felicidad anunciada!
Mercedes Sánchez
La fotografía es gentileza de José Amador Martín, a quien se la agradezco