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LOCAL
Actualizado 15/04/2026 23:06:18
Vanesa Martins

Además de preservar esta histórica costumbre, tiene en marcha el proyecto Vitor Data para catalogar mediante inteligencia artificial las miles de pinturas que custodian los muros de la institución académica

La piedra de Villamayor custodia los nombres de quienes han hecho historia en la Universidad de Salamanca. Detrás de esta tradición centenaria hay varias personas que pintar vítores, entre ellas se encuentra un restaurador salmantino que dedica su vida a perpetuar el triunfo universitario a través de sus pinceles: Miguel García. Su labor no solo preserva el patrimonio, sino que mantiene viva la emoción de dejar una huella imborrable en una de las universidades más antiguas del mundo.

"El lugar de donde yo vengo tiene muy poca historia. Sé que el día de mañana, cuando me muera, mi nombre va a quedar en una de las universidades más antiguas del mundo". Estas palabras, pronunciadas con los ojos anegados en lágrimas por un estudiante colombiano al ver su emblema terminado, fue el punto de inicio de que Miguel comenzará pintando vítores, tal y como recuerda en esta entrevista.

Este restaurador y pintor de vítores lleva más de una década trazando alrededor de 300 vítores en las fachadas de la Universidad de Salamanca (USAL). Su vocación nació impulsada por su directora de tesis, Angélica González Arrieta, investigadora del instituto BISITE, quien le propuso investigar el grafiti y el vandalismo, dedicando un capítulo íntegro al histórico emblema salmantino.

Hoy, este artista confiesa un sueño claro y rotundo: "Aspiro a ser el mejor pintor de vítores de la Universidad de Salamanca". Aunque su profesión principal es la restauración de obras de arte, reconoce que plasmar estos símbolos de victoria le resulta profundamente gratificante, convirtiéndose en un auténtico profeta en su tierra que acaricia la historia con cada trazo.

"Aspiro a ser el mejor pintor de vítores de la Universidad de Salamanca".

El significado del vítor ha mutado con el tiempo. "En sus orígenes, tal como documentan los profesores Luis Enrique Rodríguez y Eduardo Azofra, era una expresión espontánea. Los alumnos y seguidores lo pintaban en las calles para celebrar que su maestro había obtenido una cátedra. Hoy, el ritual se ha transformado en un acto protocolario reservado a los nuevos doctores", explica.

Sin embargo, sobre este símbolo de victoria aún pesa una sombra que el restaurador busca disipar con vehemencia. Durante la dictadura, Francisco Franco se apropió del emblema, lo que ha generado cierta leyenda negra y confusión. "Basta ya de tanto complejismo y de estar orgullosos de nuestro patrimonio y de la historia que tiene nuestra universidad y nuestra ciudad", reivindica.

Como anécdota que ilustra esta necesaria desvinculación, García revela que él mismo fue el encargado de ocultar el vítor del dictador en el salón de plenos del Ayuntamiento de Salamanca. Para ello, utilizó técnicas de reintegración cromática que respetan el entorno histórico sin alterar la piedra original.

El proceso de creación es un diálogo íntimo entre el artista y el muro. Cada piedra es única; algunas tienen el poro más abierto, otras presentan grietas o imperfecciones que el pintor debe sortear con paciencia. La ejecución in situ suele demorarse una mañana o una tarde, tras una o dos semanas de meticuloso diseño digital previo y que en este enlace conocemos.

La presencia de esta tradición no se limita a los muros salmantinos. El pintor ha documentado con fascinación cómo el vítor ha traspasado fronteras, demostrando la influencia histórica global de la institución. Entre los lugares que conservan estas pinturas históricas destacan La Alberca, Ciudad Rodrigo u otros lugares del país como Ávila, Toledo, Vigo, Jaén, Baeza, Sevilla, Alcalá de Henares y Granada.

Recientemente, su arte ha viajado a Ciudad Real para conmemorar 46 doctorados honoris causa sobre piedra, y ha realizado trabajos tipográficos en Cabrerizos para las Carmelitas Descalzas.

El proyecto Vitor Data y el futuro de la tradición

Para salvaguardar este inmenso patrimonio, García y su directora de tesis han impulsado el proyecto Vitor Data. La iniciativa busca crear una base de datos exhaustiva mediante inteligencia artificial que permita localizar cada pintura. El investigador estima que los muros de la institución académica podrían albergar hasta 7.000 vítores.

A lo largo de su trayectoria, ha dejado su firma en edificios emblemáticos como el Colegio Mayor Fonseca, la Clínica Odontológica, el FES y las facultades de Derecho, Informática, Ciencias, Filología y Traducción y Documentación. Entre todos ellos, guarda un cariño especial por el de Santa Teresa de Jesús, plasmado en el Edificio Histórico.

También tuvo el honor de pintar su propio emblema tras doctorarse, aunque confiesa que le dejó un sabor agridulce al tener que ceñirse a uno de los seis modelos preestablecidos por el protocolo actual, añorando la libertad creativa de la que gozaban los doctores en los años sesenta y setenta.

A pesar de las estrictas normas, cada trazo de Miguel García sigue siendo un compromiso inquebrantable con la historia. Una forma artesanal y humana de asegurar que el esfuerzo, el talento y la memoria de la comunidad universitaria permanezcan latiendo en el corazón de Salamanca.

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