LOCAL
Actualizado 10/04/2026 14:04:39
Vanesa Martins

La jornada reúne a miles de personas a orillas del Tormes para degustar el típico hornazo, recordando el exilio ordenado por Felipe II y el regreso festivo de las mujeres a la ciudad

La provincia se prepara para celebrar su jornada más singular el próximo lunes posterior a la Pascua. Esta costumbre, que marca el final de la abstinencia propia de la Cuaresma, reúne cada año a miles de personas en torno al río Tormes para degustar el tradicional hornazo, manteniendo viva una herencia cultural que se remonta al siglo XVI.

Aunque no figura como jornada festiva en el calendario oficial, el Lunes de Aguas constituye una de las fechas más especiales para los salmantinos. Familias enteras y grupos de amigos mantienen la costumbre de desplazarse a las orillas del río Tormes o a diferentes parajes del campo para compartir una merienda al aire libre.

En la capital, uno de los puntos que mayor afluencia registra es el entorno del Puente Romano. En esta zona se congregan cientos de jóvenes, en su mayoría estudiantes universitarios, que adaptan la tradición reuniéndose en torno a un gran botellón. Aunque el formato actual difiere de las costumbres de antaño, el espíritu festivo estudiantil es el que más se asemeja a los orígenes de esta celebración.

El protagonista indiscutible de la jornada gastronómica es el hornazo de Salamanca. Su consumo representa una ruptura simbólica con los estrictos ritos de recogimiento, penitencia y abstinencia de carne que marcaban el periodo de la Cuaresma hasta hace no mucho tiempo.

Para comprender las raíces de esta fiesta de origen pagano es necesario retroceder más de 500 años. Durante el siglo anterior, el príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos, había procedido a la legalización de la prostitución en la ciudad. Sin embargo, el punto de inflexión se produjo en 1543, coincidiendo con la visita del joven Felipe II con motivo de su matrimonio con María Manuela de Portugal.

En aquella época, la ciudad albergaba a más de 8.000 estudiantes. Además de contar con la Universidad más prestigiosa del mundo, la urbe era considerada por algunos como el mayor burdel de Europa. Ante esta situación, Felipe II quedó perplejo y tomó medidas drásticas para el periodo de recogimiento religioso.

El monarca ordenó que la prohibición de comer carne durante la Cuaresma se extendiera también al ámbito carnal. Por ello, obligó a que todas las prostitutas fueran expulsadas temporalmente de la ciudad y conducidas a la orilla izquierda del río Tormes hasta que finalizara el tiempo de penitencia.

El responsable de supervisar este exilio temporal y de organizar el posterior regreso era el sacerdote conocido como el Padre Lucas, a quien la historia y la cultura popular bautizaron como el 'Padre Putas'. Su labor consistía en custodiar a las mujeres al otro lado del río y coordinar su vuelta a la ciudad una vez cumplido el plazo establecido.

El retorno se producía exactamente el lunes siguiente al Lunes de Pascua. Para celebrar la vuelta de las mujeres, los estudiantes universitarios organizaban una gran fiesta de desenfreno. La multitud salía a recibirlas a las orillas del río Tormes en medio de un gran alboroto y júbilo para festejar el fin de las prohibiciones.

El hornazo como símbolo de la ruptura del ayuno

Con el paso de los siglos, la celebración ha perdido su carácter original para transformarse en una jornada de convivencia familiar y social. El desahogo tras la Cuaresma se materializa hoy en día a través de la gastronomía, sustituyendo los excesos del pasado por la degustación de productos locales.

El elemento central de esta ruptura de la abstinencia es el hornazo, una contundente empanada horneada que agrupa los alimentos prohibidos durante la vigilia. La receta tradicional salmantina se elabora con una masa rellena de embutidos de la tierra, principalmente chorizo, lomo, panceta y huevo.

El homenaje musical de Gabriel Calvo

La trascendencia de esta fecha en la identidad local ha servido de inspiración para diversos artistas de la provincia. Entre ellos destaca el folclorista y músico salmantino Gabriel Calvo, quien ha dedicado parte de su obra a preservar la memoria de esta festividad.

El artista dedicó una canción íntegramente al Lunes de Aguas, contribuyendo así a la difusión y conservación de una de las tradiciones más arraigadas y singulares del patrimonio inmaterial de Salamanca, recordando a través de la música una historia que sobrevive al paso de los siglos.

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