La caravana partió desde Bañobárez y recorrió algunos de los paisajes más singulares de la frontera hispano-lusa
En una mañana de domingo en la que la primavera parecía haber alcanzado su plenitud, más de un centenar de motoristas se adentraron en los caminos sinuosos y los horizontes abiertos de las Arribes del Duero. Allí, donde la naturaleza se expresa con una intensidad casi sensorial —flores en eclosión, aromas limpios, luz tamizada por el relieve—, el rumor constante de los motores se integró, sin estridencias, en el paisaje.
La ruta, organizada por el motoclub mirobrigense "Los Bombeadores", congregó a participantes procedentes de la comarca de Ciudad Rodrigo, de la capital salmantina y de las propias Arribes, en una convocatoria que aúna afición, territorio y convivencia. El punto de partida se estableció en la plaza consistorial de la localidad de Bañobárez, desde donde, tras las inscripciones, comenzó un itinerario que pronto se internaría en algunos de los enclaves más reconocibles de la zona.
El recorrido discurrió por localidades de honda raigambre como San Felices de los Gallegos y La Fregeneda, antes de descender hacia la confluencia del río Águeda en Vega Terrón. Desde allí, la caravana cruzó hacia territorio portugués en dirección a Freixo de Espada à Cinta, siguiendo la carretera N-221, un trazado que serpentea entre cortados y valles y que ofrece una experiencia de conducción tan exigente como gratificante.
El río Duero, siempre presente, acompañó a los motoristas como una línea de continuidad geográfica y simbólica. Tras cruzarlo de nuevo por la presa de Saucelle, el grupo ascendió hacia su mirador, donde realizaron una parada ya en territorio español. Allí, con el paisaje abierto ante ellos, compartieron un breve descanso: un bocadillo y un refresco ofrecidos por la organización, en un ambiente donde la conversación y la contemplación se entrelazaban con naturalidad.
La ruta prosiguió después entre dehesas y terrenos modelados por la actividad humana, donde el verde de las encinas —salpicadas ahora de brotes y flores— componía una estampa serena, casi intemporal. De regreso a Bañobárez, el encuentro encontró su culminación en un almuerzo colectivo: una paella preparada por la empresa mirobrigense Paellas Gigantes David, servida en naves cedidas por el ayuntamiento.
El cierre de la jornada, con el sorteo de diversos obsequios por parte del motoclub organizador, prolongó el clima de camaradería que había presidido todo el día. Más allá del itinerario recorrido, la cita volvió a evidenciar la vigencia de una forma de viajar que combina la búsqueda estética del paisaje con el placer compartido de la carretera.