OPINIóN
Actualizado 02/04/2026 01:18:01
Amador Vicente

Luchar por la igualdad es precioso. A través del tiempo tanta gente ha practicado una lucha sin cuartel por los derechos humanos, muchos exponiendo y sacrificando también su vida. Uno de los grandes retos en esa justa batalla es conseguir la igualdad entre el hombre y la mujer.

Tradicionalmente la sociedad española ha superado escollos para celebrar una coyuntura muy próxima a la igualdad y cada vez más lejos del machismo y ojalá esa equiparación de derechos vaya encontrando una situación ideal. Desde la política todos los partidos han ayudado a acortar la distancia, incluidos, aunque en menor medida, los que desde la demagogia y la más extrema ideología siguen contribuyendo a veces a envenenar el ambiente intentando confundir a la gente, derrochando fortunas y con leyes incomprensibles que ‘dicen’ beneficiar a la mujer y provocan el efecto contrario.

Curiosamente tantas iniciativas y manifestaciones de la izquierda radical deterioran un discurso uniforme y provocan la mayor crítica de buena parte de la sociedad y tantas mujeres que no entienden el esperpento de una ideología llena de farsa, ignorancia y corrupción desde las prédicas en los colegios y los chiringuitos regados de millones de nuestros impuestos. El 8 M, la madre de todas las batallas en favor de los derechos de la mujer, que en España se encuentran cerca de su máximo esplendor, tuvo una nefasta influencia en el comienzo de la pandemia, con el anuncio previo de la OMS de la que nos venía encima. Caso omiso de la izquierda, con Pedro Sánchez y Fernando Simón a la cabeza. En la primera fila de aquella masiva reivindicación, las principales impulsoras/ministras del feminismo espurio en España, el ministro Marlasca, y en el centro Begoña Gómez desde su ‘cargo’ de ‘mujer de’, como ‘mejor’ representante de esa lucha al haber llevado la dirección general de los prostíbulos de su padre. Una concentración multitudinaria que contagió a miles de personas por el coronavirus. El Presidente del Gobierno, con menos de dos años en el poder, pero ya doctorado en los bajos fondos de la moral y la provocación, y su público reconocimiento con decenas de miles de muertos: “Ahora más que nunca, viva el 8 M”. Buena parte de las pancartas en las numerosas proclamas en muchas plazas de España, cargadas de controvertidos y barriobajeros mensajes, enfrentando a hombres y mujeres y demonizando a la familia ‘patriarcal’, lejos de cultivar el ejemplo y siempre enfrascando el ambiente.

‘La sociedad española ha superado escollos y celebra una coyuntura próxima a la igualdad’

La lucha poco ortodoxa a veces ensombrece los logros políticos en la causa que nos ocupa. Aparte del derroche con escaso efecto ni resultados positivos y subvenciones y leyes sin sentido. Hace dos años, el director de la prisión de Topas recibió a dos reclusos y una inesperada solicitud: “Nosotros no somos hombres, somos mujeres, y queremos que nos trasladen a una cárcel de mujeres”. Tras la final del Mundial femenino de 2023, y el beso a Jeni Hermoso injustificado y soez del presidente Luis Rubiales, reprochado pero disculpado por la jugadora, el feminismo liderado por Podemos y respaldado por Pedro Sánchez, fiel sostén de la sombría gestión del Presidente de la FEF siempre por intereses. Escandalizadas Irene y Mª Jesús Montero, Yolanda Díaz, Ione Belarra y compañía convirtieron el pico en el más famoso de la historia, para sacar tajada, condenándolo con tanta fuerza como defienden la okupación y blanquean el régimen de Venezuela y Cuba, y la salvaje subida de impuestos o la desmesurada inmigración ilegal o el burka, o se inhiben para acabar con el sometimiento de la mujer en el Islam. El feminismo de garrafón había encontrado una vez más un gran filón y la farsa que crearon dio la vuelta al mundo, siempre con la colaboración ingenua de Hermoso, que ha pagado cara su complicidad con la política, y sus compañeras también engañadas.

En el otro lado de la historia, letras de oro para insignes nombres: Marie Curie, Simone de Beauvoir, Clara Campoamor, Virginia Woolf… inmensas mujeres todas, Ame Tarana, Lia Earhart, Malala Yousafzai, Emma Watson… Desde la ciencia y el sufragio, desde la literatura y el arresto, el feminismo reivindicativo y elegante, por la igualdad y el respeto. Y en nuestra cultura ibérica, la corriente tantas veces arbitraria y alocada, liderada por el partido rescatado de las cenizas por el mismo que lo demonizó, un sátrapa lejos de importarle la mujer, pero sí su rédito electoral en su implacable estrategia por mantener el poder. Y en la réplica de ese ideario y su trabajado marketing, la reflexión del excelso Antonio Escotado: “El comunismo es un perfume embriagador que termina siendo la quintaesencia de la mayor putrefacción”.

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