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PORTUGAL
Actualizado 31/03/2026 18:25:16
Raquel Martín-Garay

Entre pizarras y flores, muchos felinos habitan en una angosta y antigua calle del Vale do Douro

Sin saber cómo damos con una angosta calle, pavimento y muros en pizarra y granito. Una callejuela que sería oscura si no fuera porque toda ella se encuentra cubierta de flores. Son flores sencillas: geranios, petunias, hortensias o, incluso, una planta con enormes tréboles de tres y de cuatro hojas, sí, de cuatro hojas y bien distinguibles.

Hemos visto la placa que anunciaba la Rua dos Gatos cuando paseábamos por las vías principales de la villa, entre las casas nobles de la Rua Direita, antecedidas por el barroco impresionante de la Casa do Cabo. Hemos atravesado la Praça da República, con el poder civil representado en el edificio que fuera hogar de los Távora, en el tiempo en que se erigieron dueños y señores de la región; adosada está la Capilla de la Misericordia, representando el poder religioso; y a continuación, el arco y la torre defensiva, únicos vestigios del poder militar en los tiempos en que el Vale do Douro fue árabe.

La Rua dos Gatos es el embrión mismo de São João da Pesqueira, enclavada en la parte histórica más antigua de la población, aquella que remonta a la época medieval. La Rua dos Gatos parece fuera del mundo. Su fisionomía característica de autoprotección se explica porque aquí debió situarse la judería.

¿Por qué de los gatos? Ah, eso aquí no hay quien nos lo explique de manera convincente. “Porque había muchos gatos y, a veces, a la gente le daba miedo pasar por aquí”, nos dicen los que tienen algún argumento.

Nos adentramos en ella, entre el claroscuro que deja la luz solar, dispuestos a divisar el primer felino. Cuando lo hacemos, descubrimos que estamos ya rodeados de ellos. Todos nos miran, pero ninguno se mueve. Los gatos tienen fama de gustar del reposo, pero es que, la mayoría de los que podemos contemplar desde múltiples ángulos, son de escayola, descansan tranquilamente en alféizares y barandas.

Sin embargo, en lo alto, vemos uno blanco y negro en una ventana, ese sí parece un ser vivo clavándonos la mirada desde su atalaya. Detrás de cristales descubrimos otro, ¿es real o de mentira? Al abandonar la aparente soledad de la Rua dos Gatos dudamos ya de todo, solo tenemos la certeza de habernos sentido observados por felinos y otros seres vivos detrás de los visillos. El colorido de las flores es tan relevante que ofrece al conjunto un aire simpático de vida.

No cabe duda de que los pocos vecinos que aún habitan la vieja Rua dos Gatos se esfuerzan por mantener el misterio, llamando a los transeúntes con sus felinos y sus flores. Unos y otros son libres y con sentido del humor.

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9. Plaza de la República

10. Rua dos Gatos

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