La derecha rancia española (PP+VOX) siempre se ha mostrado partidaria de que Israel siga masacrando a la población palestina y ve su actuación justificada a los ataques terroristas de Hamás. También consideran adecuada la vil conducta bélica de Trump, manifestando una conducta arrastrada y servil que nos hace mas pequeños como pueblo. Ante ello, la posición de Pedro Sánchez y su Gobierno condenando los desmanes de Trump, está siendo la más honesta y sensata.
La derecha política española siempre ha apoyado, sin fisuras, los crímenes que ha cometido Israel sobre Palestina; unas atrocidades que deberían ser calificadas por la Corte Penal Internacional como delitos de genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad, puesto que por parte de Netanyahu y los dirigentes del pueblo judío hay un propósito de destruir y acabar con el pueblo palestino. Aun así, los líderes del PP y de Vox -fundamentalmente Ayuso, Feijóo y toda la cúpula de Génova 13, por el PP y Abascal y su séquito ultra, por VOX- culpan a los terroristas de Hamás y consideran que la criminal actuación de Israel matando indiscriminadamente a la población civil de Palestina, incluidos miles de niños, está debidamente justificada.
Es más, al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, por posicionarse en contra de las barbaridades cometidas por Israel contra la población civil palestina, le acusan de apoyar a los terroristas de Hamás y al vituperable régimen iraní, cuando el presidente del gobierno ha sido claro y contundente, censurando tanto a los terroristas como al abominable régimen de los “Ayatolás”. El ejemplo más claro se puede trasladar al momento histórico –afortunadamente superado- de la existencia del terrorismo de ETA en España. Justificar, como hacen PP y VOX, los ataques de Israel a Palestina, Líbano o Irán, sería parecido a haber justificado la entrada de tanques militares y del bombardeo del País Vasco por parte del gobierno español de turno, considerando legítimo, incluso, que se hubieran exterminado a miles y miles de ciudadanos de Euskadi, incluyendo la población civil en sus sectores más vulnerables. La filosofía política de esta derechona española es, ya se sabe, la de la dialéctica amigo-enemigo y la máxima “maquiavélica” de que el fin siempre justifica los medios.
Pero la política errática de esta derecha se ha radicalizado aún más al apoyar los desmanes cometidos por Trump. No han sido capaces ni de condenar los delirios genocidas de Netanyahu ni las reacciones psicópatas del presidente norteamericano, que por su cuenta y riesgo ha decidido iniciar conflictos bélicos en todo el planeta, con las consecuencias gravísimas que esto conlleva, no sólo por la destrucción de seres humanos, sino por el caos económico que está provocando en el mundo. Él es el único responsable de que el Derecho Internacional se quede en papel mojado, de que se rescate la razón de la fuerza y volvamos a las luchas cainitas entre civilizaciones en los momentos más negros de nuestra historia y de que quede enterrada la normativa internacional, la cooperación entre los diferentes países, culturas y religiones, la negociación, el consenso y el acuerdo para la resolución de conflictos y la convivencia en paz y libertad, que se gestaron, precisamente, para no volver a cometer los terribles errores que se cometieron, sobre todo los del nazismo, el fascismo y el stalinismo y los millones de seres humanos que sufrieron las terribles consecuencias.
La política errática de esta derecha belicista y cainita tiene su causa fundamental en el servilismo que dispensan hacia los poderosos. La derecha es incapaz, en política, de enfrentarse a quienes acceden al poder que forman parte de estratos sociales económicamente muy potentes y a los grandes lobbies económicos, que controlan el mundo. Han demostrado a lo largo de la historia estar siempre al lado de los más fuertes, permitiendo sus privilegios y no siendo capaces de poner freno a sus desmanes. De ahí que desde el punto de vista económico, no tengan la gallardía social de establecer tributos más elevados –siguiendo el principio, incluso constitucional, de progresividad fiscal- a los más pudientes, a las grandes empresas o a los bancos y, en cambio, castiguen fiscalmente a los más débiles. De ahí que la traducción práctica más actual sea que en un contexto internacional preocupante desde el punto de vista económico, esta derecha vote en contra en el Congreso de los Diputados del Decreto Ley que impone una congelación del precio de los alquileres para los inquilinos más humildes que vayan a revisar sus contratos con sus arrendadores. Es patético que arrendatarios que están pagando rentas de 500 ó 600 euros mensuales vayan a renovarlos y quieran cobrarles incluso en algunos casos más del doble de la renta mensual. Esto es una realidad que se está dando en grandes ciudades como Madrid. Síntoma claro de que Feijóo, Ayuso o Abascal desprecian a los sectores más vulnerables de la sociedad, a los económicamente más débiles, a las clases trabajadoras, arrastrándose, por el contrario, con servilismo y “baboseo” ante los más fuertes.
No obstante, también hay que reconocerle a la derecha española una habilidad de la que carece la izquierda. Y es la capacidad de convencer al electorado con una propaganda inundada de falsedades y manipulaciones de la realidad. Para ello cuentan con unos aduladores mediáticos –bien regados con dinero público por parte de los gobiernos autonómicos del PP y municipales allí donde gobiernan- que lo único que pretenden es echar al gobierno de Pedro Sánchez como sea y de esta forma campear a sus anchas, sin límites.
El ejemplo de todo este desaguisado lo hemos tenido hace bien poco con las elecciones a las Cortes de Castilla y León, en las que, a pesar de llevar gobernando 4 décadas de forma ininterrumpida, ha vuelto a conseguir la victoria el PP, que junto a VOX gobernarán en esta región otros 4 años más. Los electores han decidido seguir apoyando a la derecha. Quizá sea por los logros conseguidos en este casi medio siglo. A saber, quizá sea la recompensa de los electores a que en la provincia de Salamanca, por ejemplo, desde que gobierna el PP en la Junta de Castilla y León, la inmensa mayoría de los 362 municipios de la provincia –incluida la capital- haya perdido habitantes de forma alarmante. En la comarca de Vitigudino, que cuenta con 56 municipios, el descenso de población ha sido de casi un 75 % en estos 40 años. En la mayoría de esos pequeños municipios había escuelas de niños hace 4 décadas, ahora, escasamente superan la decena; también, los médicos vivían en esos pueblos y tenían consultas diarias en los pequeños centros de salud locales, donde los había, o incluso en las dependencias de las viviendas de esos médicos, pero había consultas diarias; ahora se desplazan una vez a la semana, como mucho. Igualmente había secretarios en la mayoría de los ayuntamientos y vivían en los pueblos; ahora, en muchos, van 2 ó 3 veces al mes a realizar gestiones y abrir las oficinas a los vecinos. Bueno, eso sí, de los habitantes que viven actualmente en los pueblos, el 90 % son personas jubiladas; pensionistas a los que, valga la paradoja, los gobiernos del PP les incrementaban la pensión un 0,25 %, porcentaje claramente inferior al índice del coste de la vida, perdiendo valor adquisitivo. En la actualidad, los incrementos de pensiones con los gobiernos de Pedro Sánchez, han sido notablemente superiores. A pesar de ello, también la mayoría de los habitantes de nuestros pueblos siguen apoyando electoralmente a los gobiernos autonómicos del PP. Quiero recordar que las pensiones de los miles de ciudadanos que habitan nuestros pueblos, no dependen de los gobiernos autonómicos, sino del Gobierno central. No obstante, el caciquismo político y sociológico funciona a la perfección en nuestra Castilla profunda, en nuestro provincianismo rampante y en nuestro servilismo hacia el poder (siempre que éste sea ostentado por los de siempre)
Este es el tétrico panorama en el que nos encontramos, ante una derecha que sólo es patriota si gobierna y manda, en cambio, grita con rabia en el exterior de nuestras fronteras en contra de su país y de sus ciudadanos, si gobiernan otros. Ya se sabe, la derecha considera a España un cortijo de su propiedad; cuando la pierden, montan en cólera, la insultan, la degradan, la vituperan y la mancillan para que, sumisa, asustada y temerosa, vuelva a su propiedad.