HERMENÉUTICA
Primero nos amaron como a santas,
símbolos de la paz, nos definieron.
Ahora, sin embargo, nos detestan,
nos llaman, con desdén, ratas aladas.
Nosotras solo somos las de siempre.
Nosotras siempre les tuvimos miedo.
(De La voz del animal bajo tu piel, Editorial BajAmar, 2017)
En la penumbra de la Semana Santa,
cuando el tiempo parece detenerse y la palabra se vuelve susurro,
nos reunimos para escuchar la voz antigua del rito
y la voz siempre nueva de la poesía.
Officium —el oficio— es deber, es servicio, es oración dicha con el cuerpo y con el silencio.
Es la cadencia de las horas, el peso de la espera,
la repetición que no cansa porque conduce al misterio.
La poesía que hoy se comparte nace de ese mismo lugar:
del recogimiento, del dolor contemplado sin estridencias,
de la fe, de la duda, de la memoria y de la carne herida.
Aquí la palabra no busca explicar,
sino acompañar.
Que este acto sea, entonces, un oficio común:
escuchar, sentir y guardar silencio.
Que la poesía haga lo que siempre ha hecho en los días sagrados:
abrir una grieta de luz en la oscuridad.