OPINIóN
Actualizado 22/03/2026 09:56:13
Tomás González Blázquez

Se ha sobresaltado la cuaresma cofrade salmantina, en este atípico quinto fin de semana con la Pasión ya pregonada por el bueno de Daniel Cuesta, a causa del percance que impedirá la salida procesional del Cristo de la Buena Muerte el próximo Viernes Santo, según ha comunicado la Hermandad Dominicana.

Podía parecer que sólo las adversidades meteorológicas frustran la espera de todo un año para ver en la calle las imágenes que descansan en los templos, pero con menor frecuencia surgen otros nubarrones en forma de pandemia, crisis, persecución, incendio, accidente... Lo saben mejor que las cofradías los propios cofrades: enfermedad propia o cercana, obligaciones familiares, trabajo que no se puede esquivar justo en el día y la hora... La Semana Santa, como la vida misma, está plagada de contratiempos, de cambios de planes, de novenas que se rezan allí donde nunca esperabas, pero donde quizá encuentras mejor la Cruz.

En la madera de los pasos, los que llegados a este domingo de Lázaro ya tenemos lista la túnica y pagada la cuota, hallamos una aliada para preparar el corazón. Ni sirve sólo para nosotros ni sirve para todos, ni es la única manera ni es una manera peor, pero si ayuda, si acerca, si acorta distancias, bendita sea la madera que al Verbo Encarnado representa y hace escuchar a ese Verbo y obrar esa Encarnación.

En su madera policromada, que pronto buscará el encuentro con la piedra arenisca desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, aunque cada vez tengamos una cuaresma más procesional (no sé si más provechosa), los pasos narran la Historia Sagrada y sacralizan ciertos momentos de intimidad personal que tocan muy adentro. Besar un pie de una imagen un día concreto del año, como el del Rescatado el primer viernes de marzo, o buscar los ojos de un Cristo o de una Virgen para sentir que la mirada es recíproca, o imaginar el rostro de Jesús y de María, que lo tuvieron, apoyados en el rostro de una representación concreta, no es idolatría, ni fanatismo, ni inmadurez espiritual, sino un camino, una forma legítima, una mediación para entrar en el misterio.

En su madera frágil, rompible, caduca, los pasos son imagen de la vida terrena: débil, herida, finita. Nos invitan a aceptar que hasta el mismo Dios entregó a su Hijo para que transitara por el sendero oscuro de la muerte, un leño verde que fue tratado, y que aun tratamos, como todos los leños secos, por muchos golpes de pecho que nos demos.

En su madera hermosa, devota, bendecida, los pasos son catecismo para los que no se apuntaron a catequesis, compañeros del viaje permanente, jaculatoria plástica a la que volver, de la que nunca irse. Madera tocada y mimada, madera ungida que está mucho más cerca de los corazones de carne que de los de piedra, madera que florece como árbol de la vida, Lignum Crucis según el rito de cada primavera.

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