OPINIóN
Actualizado 19/03/2026 07:57:41
Ángel González Quesada

Con esta simplista construcción nominal, “mucho abuso”, el heredero de los “conquistadores” españoles del continente americano, Felipe de Borbón en su empleo de rey de España, intenta en 2026 despachar en un comentario de salón, tan ofensivo como el ominoso silencio de cinco siglos, la expectativa, el deseo, la reiterada solicitud y el derecho a la reparación, al menos institucional, que México espera y merece para, al menos, impedir el insulto constante del “orgullo” conquistador español, y evitar que la manipulada historia imperial que en España se miente desde hace quinientos años, siga insultando tanto la dignidad del pueblo americano como la historia, la memoria y la verdad.

Tanto los fútiles comentarios recientes de Felipe de Borbón (“mucho abuso”) como la postura al respecto de la reacción española (no solo política), y hasta las ridículas loas fascistoides a una supuesta, y falsa, “evangelización civilizadora” de la “Conquista”, (además de la labor “editorial” e “investigadora” que desde hace años pretende un infame blanqueamiento de las innombrables perversiones, crímenes y robos de los españoles en América), revelan una amplia operación de remozamiento del sistemático engaño histórico, ya utilizada por el franquismo y mantenida (y ahora potenciada) en indignos libros escolares hasta nuestros días.

La lectura, análisis y comprensión de las -escasas y no manipuladas- obras que hablan de los horribles crímenes, crueldades y tiranía de los españoles en la época de la “Conquista”, es decir, el conocimiento, la honestidad y la inteligencia, desautorizan los mezquinos intentos de blanqueamiento y ponen en solfa esa distancia temporal que quiere ahora utilizarse como argumento para negar el conocimiento y reconocimiento de la verdad (“no se puede juzgar la historia de hace cinco siglos desde la perspectiva actual”, dice, como si dijese algo, un ínclito político ignorante).

Conceptos, significados o palabras como crueldad, tiranía, robo, violación, crimen, sevicia, depravación, inmoralidad, asesinato, tortura, inhumanidad o salvajismo, tienen hoy idéntico significado que hace cinco siglos, y no existe distancia temporal ni excusa imperial que las altere, y de ello han dado y dan cuenta autores de testimonios y documentos de aquella misma época (Las Casas, Díaz del Castillo y otros cronistas, relaciones, cartas, documentos…) que juzgaban, veían, sufrían y nombraban, exponían y denunciaban cada iniquidad de los españoles en la hora, el tiempo y el momento en que sucedían.

Leer Brevísima relación de la destruición de las Indias, de Bartolomé de las Casas, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo y otras crónicas del tiempo de la “Conquista” (Visión de los vencidos, La Araucana…), además de multitud de ensayos históricos, investigaciones e indagaciones publicadas durante siglos y hasta hoy y no colonizadas ni censuradas, dará noticia al despierto de que las disculpas que México reclama (y otros muchos países, o deberían) no se basa en ninguna leyenda negra ni en tergiversación alguna, sino en valores tales como la “simple” Justicia, la “cruda” Verdad.

Si, según el señor Borbón, lo que hicieron los españoles en América se reduce y puede definirse con el eructo “mucho abuso”, no sobrará añadir aquí una pequeñísima cita, y no de las peores, no de las que más crueldad cuentan, extraída de la ingente cantidad de testimonios que existen, de esos “abusos” con que quiere despacharse el derecho humano y de los pueblos al reconocimiento y la reparación: “…prendieron al dicho señor y átanlo a un palo sentado en el suelo, y estendidos los pies pónenle fuego a ellos porque diese más oro; y él, no dando más oro porque no lo tenía, tuviéronle de aquella manera hasta que los tuétanos le salieron por las plantas y así murió. Fueron infinitas veces las que a señores mataron y atormentaron por sacalles oro (…); ...llegaron [los españoles]a un monte donde estaba recogida y escondida, por huir de tan pestilenciales y horribles obras de los cristianos, mucha gente, y dando de súbito sobre ella, tomaron setenta u ochenta doncellas y mujeres, y mataron a todos los hombres que pudieron matar (…) Juntáronse muchos indios e iban tras los cristianos peleando por el ansia de sus mujeres e hijas robadas. Y viéndose los cristianos apretados no quisieron soltar la cabalgada, sino meten las espadas por las barrigas de las muchachas y mujeres, y no dejaron, de todas ochenta, una viva” . Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destruición de las Indias. Ed. André Saint-Lu. 16ª ed. Cátedra, Madrid, 2009, p. 98.

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