Cada vez que escuchamos la expresión de dolor de una persona que vemos que está atravesando un mal momento, especialmente si es de nuestro círculo más íntimo, también nosotros sufrimos. La empatía es también eso: sufrir con nuestros seres queridos porque a ellos les está pesando demasiado ese sentimiento.
Pero ¿qué es lo que te produce compartir esa emoción profunda? Seguramente que como a toda persona de bien, las palabras que definen los sentimientos que te afloran son: comprensión, solidaridad y compasión.
La pregunta que te hago es: ¿solo con algunas palabras y estar al lado del que sufre es suficiente? Desde ya que ayuda, pero ese vacío que siente la persona a la que estás comprendiendo no puede llenarlo así porque sí. Necesita comprender un poco más de ella misma. Por ello la luz que puedas echar sobre ella que le sirva de apoyo y consuelo en esos momentos, es clave para que se dé cuenta de que al dolor hay que contrarrestarle también agradecimiento, justamente este es el punto flaco que no ve la persona afectada.
Si tú le dices “lamento mucho que te sientas así…porque sé que estás sufriendo”, si bien es una expresión comprensiva, te aseguro que para ella va a saber a poco. Hay que ir a más: por ejemplo, decirle “yo también he sentido la profundidad y la oscuridad, casi de la misma manera como me has descrito el sentimiento que hoy te atormenta. Pero aprendí y para nada fue una lección fácil de asimilar, que tenía que seguir adelante, porque había varias personas que de mí dependían”.
La esencia de la compasión y comprensión es igual para todas las circunstancias. Porque tú papel de ayuda que va más allá de la comprensión, es hacerle ver que en el instante que toma consciencia de que sí hay cosas que por más hundido/a que esté le hacen sentirse bien por un momento, lo que no puede hacer es sentirse culpable por ello. Y es probable que esto ocurra 9 de 10 veces a cualquiera de nosotros. Y esta sensación es la que debes transmitirle a esa persona que estás ayudando, o quizás a ti mismo/a si eres en realidad quién está sufriendo.
Sea para ti o para quién quieres sacar de ese hoyo de tristeza, tienes que hacerle ver lo que el dolor no le permite ver. El dolor… ciega. El dolor mata. Hazle conocer que en su corazón si bien hay un lugar en el que el dolor se encuentra y refugia, como para no salir nunca, no significa que no pueda neutralizarse. Si bien no desaparecerá, te aseguro que sí puede cambiar de forma, y de esto puedes apostar porque no te equivocarás.
Es el factor tiempo, como siempre ocurre, que pone a todo en su lugar, en ese al que le pertenece. Porque a las personas, gracias al tiempo que fluye como el agua en nuestras manos, nos permite un nuevo diseño de nuestra vida que incluso, tenemos que redescubrir, que no nos hemos dado cuenta, o quizás sí lo hemos notado, pero no queremos ser conscientes de ello, por aquello del sentido de culpa.
Es el sentido de culpa y no el mismo dolor, el que termina destruyendo casi siempre a las personas, cuando quizás se abría un camino de esperanza…de cambio a favor…de reorientar su vida. Pero, ese nivel de consciencia al que debe llegar deberás ayudarlo a que lo perciba. Es el instante en que tienes que hacer aflorar tu comprensión, solidaridad y compasión.
En el momento que ayudes a que esa persona encuentre esa nueva luz que le vuelve a levantar el ánimo, tendrá seguramente una sensación que nos ocurre a todos: rara vez lo que siente se parece a lo que pensaba o esperaba que fuera.
Es así la vida… ¡siempre nos sorprende! Lo que sucede, es que cuando ésta situación se produce tienes que aceptarla, no arrepentirte ni sentirte culpable. Y esto es lo que hay que hacerle comprender a quién estás ayudando, o si eres tú mismo/a.
Además, no tienes que temer si cuando la encuentras te da un significado real, o si te da un propósito legítimo. Te sentirás diferente, puede que un poco aturdida/o, pero es normal…tu corazón y tu mente están cambiando, dicho de manera coloquial…los cromos de tus sentimientos. Y esto es bueno, porque sentirás alivio y no culpa por seguir viviendo y por sentirte feliz, o que estás recuperando la felicidad.
Esto también te demostrará que todas las personas terminan descubriendo que tienen un vacío en su corazón, que en algún momento creían que podían llenar pero que temían hacerlo, por aquel sentimiento anterior que ocupaba demasiado espacio y no daba lugar a la recuperación.
La vida a través de las acciones de las personas en nuestras interrelaciones personales hacemos tanto bien como mal, sea de manera consciente o inconsciente, pero lo que sí te aseguro es que todo aquello que deseabas en un pasado reciente, termina cambiando. Tus anhelos también cambian.
Sucede que cuando el dolor se agudiza más es porque tenemos la sensación de soledad, incluso de no querer compartir el dolor para que el sufrimiento sea nuestro, no compartido, porque no queremos herir ni hacer sufrir.
Es que es difícil que una persona desde fuera pueda ver, excepto una madre porque todo lo ve y siente, el grado de malestar interior de otra, porque no es algo físico que se palpa a simple vista como cuando te das un golpe en la pierna con una mesa y te deja una buena marca. Las heridas que provienen de dentro no pueden palparse ni se ven, pero sí pueden percibirse en lo que transmite el rostro y especialmente los ojos de la persona afectada.
Para el dolor del alma que llevas dentro, el paso del tiempo puede ser un bálsamo o, por contario, más contraproducente, porque no ha sido resuelto ese conflicto interior que generalmente es provocado por una herida proveniente del exterior (otra persona).
¿Qué es lo que se necesita para deshacerse del sufrimiento?
De lo que se trata es dejar de sentir dolor, no sentirse triste o incluso cómo dejar de pensar en los problemas que están causando tu sufrimiento. Pero como hemos dicho más arriba, no hay una APP a la que podamos recurrir, darle “intro” y que tal mala sensación desaparezca. Es el tiempo el que nos permitirá neutralizar y recolocar en nuestro corazón dicha pena. Darle algo de espacio a la nueva esperanza. Las heridas profundas requieren tiempo de cicatrización. Las del corazón también y requieren de nuestro cuidado y atención para que eso suceda.
Cuando la persona que necesita nuestra ayuda vemos que está predispuesta, que ya es el momento de pasar página, quizás no sepa cómo hacerlo. Y también sucede, que cuando quiere hacerlo y está decidida, no es el momento oportuno para hacer esa recolocación de sentimientos en el corazón. Es solo el tiempo, fundamentalmente cuando transcurren esa otra cantidad de cosas buenas a las cuales no se les presta atención, que son las que van a rediseñar los nuevos espacios de los sentimientos y las emociones.
Por ello es una tarea delicada y hay que tener mucha sensibilidad para percibir la predisposición anímica y espiritual en la que nuestra persona que queremos ayudar se encuentra.
Por qué resistirse al dolor lo convierte en sufrimiento
La vida es un compendio en el que se combinan el dolor y la felicidad, pero para ninguno de los dos sentimientos estamos suficientemente educados, y mucho menos a enfrentarlo y experimentarlo de manera efectiva cuando es el dolor el que aflora. Una mala respuesta que demos al dolor puede convertirse en un sufrimiento permanente, y justamente es esto lo que debemos evitar.
Qué cosas no debemos hacer
Las respuestas más comunes, casi de manera inconsciente que damos al dolor son:
– Fingir que no pasa nada…que todo está bien.
– Resistirse al dolor, aunque por dentro estemos desesperados.
– Reprimir nuestras emociones, negando nuestras necesidades.
– Rechazar nuestras respuestas auténticas a los acontecimientos.
– Utilizar expresiones habituales tales como “esto no debería estar sucediendo”, “esto es malo” o “no debería sentirme así”.
En la medida que la resistencia esté ganando en nuestra mente y corazón a la motivación para superarlo, o sea, mantener un fuerte nivel de resistencia, tiene la contrapartida natural: el dolor será más grande, más fuerte y más intratable.