El salmantino, que vio como el palco le quitaba el segundo premio en su primero, salió a hombros tras cortarle otro apéndice al complicado sexto
Una vibrante tarde de Marco Pérez y una corrida ‘de gasolina’ low cost fue la que se vivió hoy en Valencia en la cuarta corrida de la Feria de Fallas, un festejo en el que sobresalieron el segundo, tercero y cuarto bis de Santiago Domecq, pero especialmente el primero de Marco Pérez, al que dejó una faena de emoción y de vibración ante un bravo ejemplar del hierro gaditano, que sin echar la corrida que sueñas, ha lucido un encierro muy interesante. El salmantino, que vio como el palco le quitaba el segundo premio en su primero, salió a hombros tras cortarle otro apéndice al complicado sexto. Víctor Hernández selló una faena de toreo profundo al segundo y Perera dejó momentos de interés pero sin llegar con rotundidad al tendido.
Oreja con fortísima petición de dos para una faena de emoción e inteligencia de Marco Pérez al gran tercero
Bajo también el castaño tercero, un toro de nuevo con hechuras para embestir. Bajo y acucharado de cuerna, quizá algo falto de cuello también, al que Marco Pérez dejó un alegre saludo con una larga cambiada en el tercio y varias verónicas de buen son en las que quiso humillar el funo. Como en el quite de Miguel Ángel Perera. Espeluznante fue la cogida a José Antonio Prestel contra las tablas, en la entrada del burladero a la salida de un par, afortunadamente sin cornada. Por cambiados por la espalda fue el inicio de faena de Marco Pérez, que luego se echó de rodillas para torear con desparpajo e inteligencia a un animal con las virtudes de la raza, la emoción y la boyantía en el viaje. Un gran toro para un torero que lo aprovechó en el toreo fundamental por ambos lados, con una técnica inusual y conectando con un tendido cálido por su desparpajo y su exposición. Como la que tuvo frente al toro en los tendidos de sol por circulares y en las luquecinas finales. Una estocada en todo lo alto que tardó en hacer efecto, con la plaza aplaudiendo la entrega de un gran toro, fue el epílogo antes de que el palco solo diese una oreja a pesar de la fortísima petición de la segunda.
Pérez se juega la vida con el peligroso sexto y le corta otra oreja
Un tío en toda regla era el sexto: largo, astifino y alto. Se echó de rodillas con él Marco Pérez, que tuvo que erguirse pronto ante un toro con mucha gasolina. La mostró también en el caballo, en dos varas en las que se arrancó como un obús. Y lo volvió a evidenciar en la arrancada al par de Elías Martín, que se adolecía del hombro y tuvo que ir a la enfermería. Tras la diana floreada de El Soro, Pérez le hizo frente a un animal con la embestida desordenada y al que le costaba humillar. Fue un tomadaca el que tuvo Pérez con el ejemplar, de medio viaje y remiso a acabar el muletazo. Se jugó la vida de verdad y paseó otra oreja tras la estocada arriba.
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