OPINIóN
Actualizado 16/03/2026 17:03:42
Francisco Delgado

Es una pregunta que sigue abierta en mi mente desde la mañana de primavera del año 2004, en la que presenté mi tesis doctoral (con un título demasiado largo para repetirlo aquí) un estudio desde la Psicología, la Historia y la Teoría psicoanalítica, de este genial texto, en la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca. Me hice por primera vez la pregunta ese mismo día de la presentación de mi Tesis, pues, en contra de lo imaginado, apenas hubo público salmantino en el acto; pensé que como ese día era víspera de uno de los numerosísimos “puentes” que nuestro ocioso país tiene a lo largo del año, los psicólogos y estudiantes ese día ya habrían emprendido la huída hacia sus rincones vacacionales de buena mañana.

Hoy día me sigo haciendo la misma pregunta, pues excepto una conferencia que impartí, invitado por el Ateneo salmantino en la Sala de la Palabra, hace unos 12 años, no he vuelto a hablar ( ni escuchar a nadie) nada sobre esta preciada joya.

Escribo hoy sobre este tema y esta vivencia de desinterés colectivo sobre Lazarillo de Tormes, coincidiendo con la publicación de algunos hallazgos sobre el Lazarillo en la edición de 1554, y otros libros encontrados en una casa en obras en Badajoz; se les conoce por “La biblioteca de Barcarrota” ( Badajoz). Y ahora El País del pasado 9 de marzo da cuenta de una investigación sobre el primitivo dueño de esos libros, un portugués muy peculiar llamado Fernão Brantão. Al leer la noticia de nuevo me pregunté “…y ahora, ¿con quién comentaré este hallazgo?

La única duda que me ha cabido en torno al interés o desinterés sobre Lazarillo, en Salamanca, es qué pasará de puertas adentro en la Facultad de Filología de nuestra ciudad, pues no he tenido ocasión de conocer las inquietudes literarias que estos años la habitan. Solo me he topado con el desinterés generalizado de los psicólogos, no solo salmantinos, sino también madrileños, por ese riquísimo campo de la mente humana que es la escritura.

Los motivos que explican la ausencia de interés en Lazarillo, quizás se deben a tres factores: el primero, la primitiva decisión de la Inquisición de meter La vida de Lazarillo de Tormes en su lista de sus libros prohibidos. El segundo motivo, la dificultad de comprensión del lector medio ( hasta que Francisco Rico no publicó en 1988 su Problemas del “Lazarillo”) sobre el sentido del “caso” y del misterioso destinatario “Vuesa Merced” al que va dirigida la información del triángulo El Arcipreste/su“criada”/ Lázaro de Tormes. Y en tercer lugar, la imagen de la esplendorosa Universidad de Salamanca y de la España imperial no es precisamente la que relatan las páginas de Lazarillo, la Salamanca de la Escuela de Salamanca ni el Imperio de Carlos V, sino el “envés” de la sociedad española del siglo XVI, como le llamó el hispanista francés Maurice MOLHO. Estos tres factores son, en mi opinión, los que están en la base del silencio clamoroso sobre Lazarillo de Tormes. Y, para cerrar el broche de dificultades de leer y comprender nuestra gran (y breve) novela, que tanto enseñó a Cervantes y a todas las novelas picarescas que le siguieron, no le ha faltado el fatídico, sugerente e irresoluble anonimato del autor.

Creo que muy brevemente he señalado los numerosos caminos boscosos que atraviesa nuestro Lazarillo, y que muestran toda una lista de temas y lugares desde los que se pueden solazar los lazarillistas que se unan a los cientos que ya somos, y cuya única condición para serlo, es leer esta primera novela en español, despacio, tranquilamente y disfrutando del humor y la sabiduría que bañan generosamente todas sus páginas.

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