Los partidos de extrema izquierda, otrora tan poderosos, se han ido hundiendo de elección en elección. Antes de nada hay que decir que la extrema izquierda existe, y no ese eufemismo de la izquierda de la izquierda o a la izquierda del PSOE. O sea, que el radicalismo político, con posturas demagógicas, ha tenido su espacio en el espectro de los partidos españoles.
Ese radicalismo, ese infantilismo izquierdista, que lleva en el exterior a pedir la ruptura de relaciones con Israel y la salida de la OTAN, sigue existiendo, lo que pasa es que ya no recibe el apoyo electoral de antaño porque el partido socialista ha apelado al voto útil para combatir a la derecha y se ha quedado con los votos de toda la izquierda. Eso se ha visto en las elecciones de Castilla y León, donde el aguante del PSOE se ha debido a la desaparición de la ultraizquierda.
Estamos, pues, ante una estrategia del partido de Pedro Sánchez más que ante una fragmentación electoral de los izquierdistas, como les reprocha Gabriel Rufián, postulándose él mismo como unificador de estas dispersas fuerzas. La comprobación de que esta tesis es falsa la tenemos en que la suma de votos de Podemos y Sumar no habría alcanzado ningún escaño.
Decíamos que lo que sucede es consecuencia de la maniobra del PSOE, que puesto a elegir ha preferido oscilar hacia la izquierda, llevándose por delante todo lo que allí había, que girar hacia el centro y robarle los votos más socialdemócratas al PP. El coste de ello, insistimos, está siendo el quedarse sin un grupo sólido a su izquierda en el que apoyarse y reeditar un Gobierno de coalición.
Aunque la situación no sea igual en Andalucía, ante los próximos comicios regionales, ya que allá la extrema izquierda siempre ha tenido más predicamento que en otros lugares, el declive de esta fuerza política es imparable. Dada esta ausencia, ¿en nombre de quién hace sus proclamas extremistas Yolanda Díaz, sin una masa social que la apoye?
Ante este panorama, el partido socialista aguantará, pero con unos votos prestados, alejándose cada vez más del centro, por muchas proclamas patrióticas que haga, dejándole al Partido Popular expedito el camino hacia La Moncloa.