La igualdad no es solo un lema, sino una tarea pendiente para toda la sociedad.
Mientras siga habiendo mujeres que sufran condiciones laborales injustas, o no vean reconocido su trabajo, todos los trabajos, celebrar un día no será suficiente, porque tener trabajo ya no siempre significa salir de la pobreza. La llamada "pobreza laboral" afecta con especial intensidad a las mujeres que, además, cargan con doble jornada en muchas ocasiones: empleo remunerado y cuidados de casa.
Cada 8 de marzo, el país se llena de campañas, discursos y cifras, y olvidamos de lo que verdaderamente significa el empoderamiento de una mujer. Tener un día en el que hagamos algo más de hincapié en este tema está bien, pero no basta. Hay una realidad que sigue quedando en segundo plano, y es el poco valor que le damos a las labores de la mujer, ya sea en las familias o en el trabajo. Hay mujeres para las que trabajar no significa dignidad, pues en muchos hogares somos nosotras las que sostenemos la economía familiar. Y no hablo solo de un trabajo que implique salir del hogar durante unas horas, hacer una jornada en una oficina y volver, que es igual de válido. Hablo de todas las mujeres que rara vez dejan de ser invisibles, pero sí ocupan titulares. Sectores feminizados donde la temporalidad, los salarios bajos y la falta de estabilidad forman parte del día a día, ya sea la limpieza, cuidados, hostelería o empleos domésticos.
Desde nuestra entidad se observa una realidad totalmente distinta de la que muchas estadísticas no alcanzan o no muestran. Mujeres que encadenan contratos temporales, con bajos salarios o empleos inseguros que no garantizan una seguridad mínima. Tener trabajo ya no siempre significa salir de la pobreza. La llamada "pobreza laboral" afecta con especial intensidad a las mujeres que, además, cargan con doble jornada en muchas ocasiones: empleo remunerado y el cuidado del hogar.
Por ello, para Cáritas, el Día de la Mujer tiene un significado más potente que cualquier otro. Y sobre todo creemos que no solamente debería ser una jornada de celebración, sino de reflexión. Lo primero es aceptar la realidad, que pocos lo hacen de verdad; y por otro lado, darnos cuenta de lo que en realidad significa hablar de igualdad. La igualdad se construye con unas correctas condiciones laborales, salarios decentes y oportunidades reales que permitan un desarrollo personal, no solo un avance para mantener el hogar en mejores condiciones.
Este Día de la Mujer, hemos querido enviar un mensaje que ponga las cartas sobre la mesa y que provoque en la gente un actitud de conciencia con el que reflexionar si verdaderamente estamos valorando a esas mujeres que forman parte de nuestra vida y que, de una forma u otra, nos ayudan a vivir en mejores condiciones, o simplemente están ahí para nosotros.
Porque mientras haya mujeres que, aun trabajando, no sientan que vivan con dignidad, el 8 de marzo nos seguirá recordando que la igualdad no es solo un lema, sino una tarea pendiente para toda la sociedad.