OPINIóN
Actualizado 14/03/2026 08:29:07
Francisco Aguadero

Occidente se desmorona, y, quizás por eso, está en la mente y boca de una gran parte de la población. Un desmoronamiento que genera inquietud e inseguridad en las instituciones y en las personas, desestabilizando la economía, la paz y la concordia. Estamos viviendo el Cisma de Occidente del tercer milenio, cuando se cumple el primer cuarto del siglo XXI.

El asunto de Occidente ha sido un tema muy tratado en la historiografía, la literatura y las artes escénicas. Por su enorme importancia y grandiosidad, la caída, derrota o decadencia de la civilización occidental ha ido evolucionando a lo largo de los tiempos desde situaciones políticas concretas, como el fin del Imperio Romano, hasta el contexto geopolítico actual, pasando por las miradas filosóficas y el análisis de la crisis de valores de nuestros días.

Así, el relato épico de Occidente está plagado de obras y titulares como: "476 d. C.: El día que cayó Roma y nació la Edad Media", con el que se analiza el fin oficial del Imperio Romano de Occidente y el inicio de un vacío de poder que marcará el medievo europeo. "Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano", obra de Edward Gibbon (siglo XVIII) que analiza cómo la pérdida de las virtudes cívicas y el avance del cristianismo minaron la estructura imperial de Roma y su pérdida de poder, colapsando el mundo de la Antigüedad clásica.

Dando un salto en el tiempo nos encontramos con “La decadencia de Occidente” de Oswald Spengler, publicada tras la Primera Guerra Mundial y que teoriza sobre el ciclo vital de las civilizaciones, situando a la occidental en su fase final.

Más cercano a nuestros días, obras de referencia como "La decadencia de Occidente" (1918-1922) de Oswald Spengler, en las que pronostica el final de la cultura occidental, basándose en los ciclos biológicos de nacimiento, madurez y muerte de las civilizaciones. “El ocaso de Occidente” (2015) de Luis Sáez Rueda, filósofo que, tomando como espejo el Barroco, hace un análisis filosófico del mundo en el que vivimos, donde las certezas de la modernidad se han disuelto. “La debacle de Occidente: Las guerras del siglo XXI” (2023) de varios autores que analizan la situación geopolítica, económica y social actual. "La derrota de Occidente" (2024) de Emmanuel Todd. Obra en la que el historiador y sociólogo francés ve el colapso final de Occidente, tomando en consideración lo que él cree como la trampa ucraniana y la desindustrialización de EE.UU.

Pero, ante de seguir, cabe preguntarnos ¿qué es Occidente? El concepto es tan grande, abarca tanto, tiene tantas historias tras de sí, que no hay, no puede haber una respuesta única. Nosotros nos atreveremos a dar la nuestra, de forma sintetizada. Sí parece que hay un consenso en que Oriente y Occidente son conceptos que dividen al mundo en dos grandes áreas, teniendo en cuenta la ciencia geográfica, las tradiciones culturales, religiosas e históricas.

Analizado desde el punto de vista de la Geografía Física que estudia el espacio natural, se ha convenido tomar como referencia técnica, para esa división, el Meridiano de Greenwich (longitud) que divide el planeta en dos hemisferios: el Hemisferio Oriental, al Este, por donde sale el sol; y el Hemisferio Occidental, al Oeste, por donde se pone el sol. El primero, para el que también utilizamos el genérico de Oriente, incluye la mayor parte de Asia, Oceanía y África oriental. El segundo, espacio al cual también conocemos como Occidente, abarca América, Europa Occidental y gran parte de África, con el Océano Atlántico en medio. Rusia es un caso geográfico peculiar, porque se extiende hacia Asia (Oriente) y hacia Europa (Occidente).

Si bien, más que una línea física divisoria en relación con la salida y puesta del sol, es, y así aquí lo analizamos, bajo la perspectiva de una distinción cultural, propia de la Geografía Humana en su estudio de las sociedades. Oriente engloba la diversidad cultural, lingüística y religiosa asiática, especialmente el islam, el hinduismo, el budismo y el cristianismo ortodoxo. Mientras que Occidente se asocia con la herencia cultural grecorromana y cristiana que, partiendo de Europa, se extendió a América y Oceanía. En cierto modo, se trata de una dualidad construida históricamente que tiende a simplificar la realidad. Pero ambos términos tienen significados históricos, culturales y geopolíticos complejos, con efectos concretos en la concepción contemporánea del mundo y de lo que está pasando.

Para mejor situarnos, hay que tener en cuenta el devenir de los tiempos, y, al respecto, decir que Occidente comenzó a identificarse como una unidad cultural opuesta a Oriente ya en la antigua Grecia, cuando se consolidó y se defendió el concepto de “civilización helénica” frente a las monarquías de Oriente Próximo que eran, y siguen siendo, concebidas como despóticas. Esta diferenciación de concepto social y de gobierno, continuó con el Imperio Romano y la Europa medieval, momento en el que la idea de Occidente quedó asociada a la tradición intelectual grecorromana y a las creencias cristianas de religión.

Identidad occidental que se intensificó con las Cruzadas, al enfrentarse el Occidente europeo y cristiano con el Oriente musulmán. A partir de la modernidad, iniciada en el siglo XV, Occidente comenzó a priorizar la idea de progreso y a abandonar antiguas tradiciones y dogmas religiosos. Época a partir de la cual el continente americano y algunos países de Oceanía son considerados parte de Occidente, no por su ubicación geográfica, sino por su identificación cultural tras la llegada de los europeos.

Ya en la Edad Contemporánea, se afianzaron en Occidente las ideas de la Ilustración, la economía de mercado, la democracia y los derechos humanos, aunque en demasiadas ocasiones, estos principios fueron vulnerados por regímenes políticos de alguno de los países. Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) el mundo se reformuló políticamente. Por un lado, el bloque occidental, asociado al capitalismo, con la hegemonía de Estados Unidos, y , por otro, el bloque oriental, asociado al comunismo y la hegemonía de la Unión Soviética (URSS). Mientras, se le consideró Tercer Mundo el conjunto de los países no alineados con ninguna de los dos bloques citados y cuyo denominador común era un menor desarrollo económico.

Esa dicotomía del planeta dividido en dos bloques, con la hegemonía de los Estados Unidos (EE. UU.) en el bloque occidental y de la Unión Soviética (URSS) en el bloque oriental, conocido como período de la Guerra Fría (1947-1991) se vino abajo en 1991 cuando la Unión Soviética se disgregó. Oriente se replegó, nuevamente, al mundo árabe y Asia Oriental, y, Occidente, ya sin el freno oriental, se extendió hacia algunos territorios de la extinguida URSS.

Más, los intereses políticos y económicos avivaron el recrudecimiento de las tensiones entre potencias occidentales y Rusia en el siglo XXI, devolviendo a este país euroasiático a la idea de que forma parte de Oriente y que mantiene un enfrentamiento histórico con Occidente, significado con Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) organización militar occidental que le da protección y seguridad.

A nuestro entender, el Cisma de Occidente en el siglo XXI ya se ha dado, al menos temporalmente. Se inició en enero 2025, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca como presidente por segunda vez, y, de forma unilateral, rompió las relaciones de amistad y alianza estratégica entre Estados Unidos y Europa, que se habían mantenido durante 80 años, con estrecha cooperación en el ámbito político, económico y de seguridad, en el seno de Occidente. La nueva administración estadounidense comenzó a ningunear y a despreciar a Europa, mientras que favorecía a su enemigo ruso, Vladímir Putin, en la guerra de Ucrania, iniciada por Rusia con la invasión de parte del territorio europeo.

El presidente de Estados Unidos ha decidido desmantelar Occidente tal y como la historia lo ha conocido, para comprarlo y venderlo a su manera. Siguiendo la estela de otros acontecimientos, probablemente hasta deje de llamarse “Occidente” para llamarse “Trump”. A Europa no lo queda otro camino que el de apostar por mantenerse unida, con más integración, si no quiere caer en la irrelevancia mundial.

No compartimos con David Hume, filósofo de la Ilustración, su afirmación de que “ No es contrario a la razón el preferir la destrucción del mundo entero a tener un rasguño en mi dedo”. Somos más partidarios de Homero, filósofo griego, considerado el “padre de la épica occidental”.

Escuchemos Carros de Fuego:

https://www.youtube.com/watch?v=n44MTTXDiQ0&t=2s

Aguadero@acta.es

© Francisco Aguadero Fernández, 13 de marzo de 2026

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