Con más de 800 festejos a sus espaldas pese a su juventud, el picador salmantino repasa su trayectoria y el momento actual que atraviesa la suerte de varas
La mañana soleada y con temperaturas propias de la primavera ilumina la finca ubicada en Pelarrodríguez, escenario donde Alberto Sandoval recibe a SALAMANCA AL DÍA para desgranar los entresijos de su carrera. Lejos del bullicio de los ruedos, el corazón Campo Charro ofrece el entorno ideal para conversar con uno de los picadores más destacados del panorama taurino nacional.
Con una trayectoria que pese a su juventud ya alcanza la notable cifra de 805 festejos, el salmantino encarna la dedicación absoluta a una vocación que lleva en la sangre. La afición de Alberto Sandoval no es fruto de la casualidad, sino de un arraigo familiar profundo. "Mi afición viene desde pequeñito. Mi padre trabaja en una finca, y mi tío Plácido Sandoval 'Tito', picador también, fue un poco el que me inculcó en esta profesión tan bonita", rememora el protagonista mientras monta sobre uno de sus caballos.
El contacto directo con la profesión comenzó en la adolescencia. Con apenas 14 años, Sandoval empezó a acompañar a su tío al campo, donde tuvo sus primeras tomas de contacto con la vara. "Probé picando y no se me daba mal del todo. Me entró un poquillo el gustillo y empecé a picar más de seguido en los tentaderos y algún toro, y decidí hacerme picador", explica sobre sus inicios.
Esa decisión temprana cristalizó en un escenario de máxima exigencia. Su primera tarde vestido de luces se produjo en septiembre de 2009, en el marco incomparable de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, durante la celebración de una novillada. Desde aquel debut han transcurrido casi 17 años, un periodo en el que ha forjado una carrera sólida basada en la regularidad.
A pesar de su juventud, el volumen de actuaciones acumuladas evidencia la confianza que el sector ha depositado en él. "Gracias a Dios he toreado bastante. Estoy muy agradecido a todos los matadores que han confiado en mí", señala el varilarguero salmantino, quien prefiere centrarse en el trabajo diario antes que en las estadísticas exactas de su currículum.
El papel del picador es, en ocasiones, objeto de incomprensión por parte del gran público. Alberto Sandoval es consciente de esta realidad y defiende con firmeza la necesidad técnica de su labor. "La verdad que muchas veces parece que somos los malos de la película, pero yo pienso que un picador es necesario para ahormar las embestidas dependiendo de cada toro y lo que necesite", argumenta.
Para lograr ese objetivo, la compenetración con el jefe de filas resulta fundamental. Los matadores buscan en sus cuadrillas a profesionales que ofrezcan garantías. Según Sandoval, la clave reside en la profesionalidad y la confianza mutua.
Respecto a la evolución del tercio de varas desde sus inicios en 2009, el salmantino se muestra muy positivo, destacando especialmente el papel de las monturas. "Las cuadras están más domadas que nunca y en un momento muy bueno, hay caballos buenísimos, lo que nos facilita nuestro trabajo", asegura.
Al ser consultado sobre las diferencias entre la afición española y la francesa a la hora de valorar este tercio, Sandoval mantiene una postura equilibrada. "Cuando se hacen las cosas bien, da igual Francia que España. He visto tercios de varas muy buenos en Madrid y la gente ha entrado como si fuera Francia", puntualiza.
En la presente temporada, el picador acompañará de forma regular al joven Marco Pérez, aunque su agenda le permite actuar a las órdenes de un amplio abanico de toreros. Entre ellos, ha toreado a las órdenes de Alejandro Marcos, Fabio Jiménez, Mario Navas, Fernando Adrián, Borja Jiménez o el novillero Julio Norte.
Compaginar tantas fechas y estilos diferentes exige una lectura precisa de cada situación. La comunicación y el conocimiento del estado de cada espada son vitales antes de hacer el paseíllo. "Ya sabemos más o menos en qué momento está cada matador, cómo es el día, la plaza, y hay que pensar un poco en todo eso", detalla el picador, evidenciando el trabajo psicológico y ‘táctico’ previo a cada festejo.
Lejos del glamour que a veces proyecta el traje de luces, el día a día de un picador implica un notable sacrificio personal. La preparación física y técnica se desarrolla fundamentalmente en el campo, participando en tentaderos o picando toros a puerta cerrada, complementado con paseos y deporte.
La jornada de un festejo en una plaza de primera categoría sigue un protocolo estricto que comienza a primera hora. "Vas por la mañana al sorteo, coges los palos, los montas y se quedan guardados y precintados en un armario hasta por la tarde", relata Sandoval. A diferencia de los matadores, que cuentan con mozos de espadas, los picadores son autogestionados: "Nosotros somos los que nos preparamos todo", aunque reconoce la inestimable labor de los ayudas al finalizar la tarde.
A este esfuerzo físico se suma la dureza de los desplazamientos. Al torear con diferentes matadores, Sandoval asume largas travesías al volante. "Es un poco sacrificado cuando tienes que hacer tantos kilómetros tú solo", confiesa, explicando que el descanso a menudo se reduce a una siesta por la tarde antes de volver a viajar de noche para llegar al siguiente destino.
En el ámbito psicológico, la sinceridad del salmantino desarma cualquier mito de invulnerabilidad. "Quien diga que no se pasa miedo, miente. Todo el mundo tenemos miedo al toro y miedo al fracaso, a que no salgan las cosas bien", admite con rotundidad.
Esa presión y ese miedo escénico se multiplican en escenarios de máxima responsabilidad. Las Ventas ocupa un lugar central en este aspecto. Sandoval recuerda especialmente el año en que fue galardonado en la feria de San Isidro, llegando a hacer el paseíllo hasta en ocho tardes. "Se vive con mucha presión. Llevas tres tardes y todavía quedan cinco, y parece que es el mes que nunca acaba", rememora sobre la exigencia de la primera plaza del mundo.
Sin embargo, las emociones más intensas las reserva para su tierra. Al hablar de la plaza de toros de La Glorieta, el picador reconoce una sensibilidad especial: "Salamanca es la que más te da esa cosilla en la barriga. Es tu casa y quieres que salga todo bien y que rueden las cosas lo mejor posible".
En su memoria atesora actuaciones históricas como aquella tarde Nimes junto a Juan Bautista, donde el público le obligó a dar la vuelta al ruedo. A pesar de contar ya con prestigiosos galardones de Francia, Madrid y Salamanca, Sandoval mantiene intacta la ambición y fija su mirada en un trofeo concreto.
"El premio de la Real Maestranza de Sevilla es muy bonito y me gustaría tenerlo en mi vitrina por su categoría y su importancia", confiesa. Rechaza, además, el tópico de que a los toreros castellanos les cueste triunfar en el coso del Baratillo: "Hay picadores de Salamanca que tienen premios de Sevilla. Lo bien hecho está bien hecho en cualquier sitio sin tener en cuenta de dónde eres".
En la recta final de la conversación, el análisis se amplía hacia la situación general del sector taurino. Frente a los constantes debates y ataques que sufre la fiesta, Sandoval aporta una visión esperanzadora basada en su experiencia a pie de plaza. "Estos últimos años está respondiendo la gente. Vas a los toros y ves muchísima gente joven en los tendidos, y la gente joven somos los que tenemos que tirar de la fiesta y llenar las plazas", argumenta con convicción.
A nivel artístico, considera que la tauromaquia atraviesa un momento dulce, con "grandes toreros y profesionales". En cuanto al toro de lidia, eje central del espectáculo, Sandoval percibe una exigencia creciente, aunque mantiene que la esencia perdura: "Es verdad que cada vez embisten más los toros y se les exige más, pero hay ganaderías de mucha categoría que dan muchos triunfos", concluye el picador salmantino, dispuesto a seguir escribiendo su historia en los ruedos con la misma afición que descubrió a los 14 años.
FOTOS: Pablo Angular