No es cosa de andar buscando en internet la biografía de Paco Pallarés (para los papeles mundanos Francisco Pallarés Colmenero, nacido en La Fuente de San Esteban, Salamanca), de profesión, matador de toros. Torerazo hasta el último suspiro de su vida que concluyó en noviembre de 2006.
Pero sólo la física, su perfume torero aún prevalece entre los aficionados que le vieron en los ruedos y aunque nos dejó demasiado pronto, la memoria de su cabal forma de entender ser torero y la torería de los que aspiraban, a su lado, a serlo, es hoy ejemplo tristemente desvaído, aliviado e irrelevante.
Ser torero no es sólo torear, ni mucho menos. Es un espacio inalcanzable para muchos. Paco Pallarés lo ocupó y le dio luz y gloria. Se lo contó a quien quiso escucharle. Hasta que dejamos de verle. Veinte años ya de aquel apagón. ¡Gloria a Paco Pallarés, torero siempre!