El turismo es, ciertamente, fundamental en la vida y en la economía de los conjuntos patrimoniales pero no se lo puede dejar a su libre albedrío. Para dar respuesta a una demanda creciente, ya sea de turismo o interior o exterior – en 2010, según la Organización Mundial de Turismo, ya se han acercado a los 1.000 millones los turistas internacionales– es necesario presentar y organizar bien los ámbitos patrimoniales en términos territoriales, urbanísticos, de oferta cultural, de rutas e itinerarios y de equipamientos e infraestructuras turísticas Esta es una oportunidad que hay que aprovechar cuando se ponen en marcha estrategias y planes de recuperación urbana.
La Carta de Turismo Cultural de ICOMOS (1999), tras señalar el derecho y la responsabilidad, individual y colectiva, de comprender, respetar, valorar y conservar de forma activa el patrimonio cultural, resalta la interacción dinámica entre turismo y patrimonio cultural. El turismo ofrece oportunidades de intercambio cultural y de experiencias vitales, debiendo ser también una fuerza positiva para la conservación y un factor de desarrollo. El patrimonio es, sin duda, un atractivo turístico y, por medio del turismo, debe aportar beneficios a la comunidad receptora de visitantes. En este marco de referencia se plantea la necesidad de diálogo y alianzas entre los intereses de la conservación del patrimonio cultural y los de la industria turística. Desde el ámbito de la industria turística también se abren camino nuevos planteamientos y preocupaciones en relación al desarrollo del turismo en sitios de valor natural y cultural, así en el Código Ético Mundial para el Turismo de la OMT (1997) se resalta un doble papel del turismo: motor de desarrollo sostenible y factor de aprovechamiento y enriquecimiento del patrimonio cultura
Imagen Santiago Bayón Vera