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Actualizado 10/03/2026 17:01:57
Vanesa Martins

Siete profesionales de Cruz Roja se desplazaron a IFEMA para brindar apoyo emocional a los familiares de las víctimas, una labor que sentó las bases de la actual atención psicosocial en emergencias y también de la importancia de la salud mental todo el año

Hoy, 11 de Marzo de 2026, se cumplen 22 años de los atentados que sobrecogieron a España y cambiaron para siempre la gestión de las emergencias: los atentados del 11M en tres trenes de cercanías en Madrid. Aquel día España y el mundo se paralizó cuando diez explosiones se sucedieron en cuatro trenes de la rede de Cercanías de Madrid a primera hora de la mañana. En total, 193 personas fallecieron y 2.062 resultaron heridas.

En mitad de esa tragedia, voluntarios de diversas partes del país acudieron durante ese día y los siguientes a mostrar su apoyo y ayuda a víctimas, afectados y profesionales. Entre ellos, se desplazaron hasta Madrid siete profesionales multidisciplinares de Cruz Roja en Salamanca. El equipo integraba a psicólogos, trabajadores sociales y socorristas de acompañamiento, unidos con un único propósito: no dejar a nadie solo frente a la tragedia. ¿Su objetivo? Sostener emocionalmente a las familias que buscaban a sus seres queridos entre el caos. Más de dos décadas después, el impacto de aquella tragedia sigue presente en quienes brindaron su hombro en los momentos más oscuros.

Una de aquellas personas es la psicóloga del equipo de intervención de Cruz Roja en Salamanca, Mónica Castellanos. En declaraciones a este medio, recuerda que la respuesta desde la provincia se organizó con inmediatez, aunque el despliegue sobre el terreno se produjo en las horas posteriores al desconcierto inicial. "Fuimos el segundo día, el día 12", precisa la especialista al echar la vista atrás y recordar unas jornadas marcadas por la incertidumbre y el desgarro.

El acompañamiento en la zona cero del dolor

Una vez en Madrid, la labor principal de los profesionales salmantinos se centró en el apoyo humano en los instantes más delicados. Los efectivos trabajaron intensamente en las instalaciones de IFEMA, concretamente en las zonas habilitadas para el reconocimiento de objetos y la identificación de las víctimas.

"Lo que se hace en estos equipos es un acompañamiento a personas que están afectadas por una emergencia, tanto víctimas directas como familiares y allegados", explica Castellanos. Durante aquellas horas interminables, los miembros de Cruz Roja Salamanca permanecieron junto a las familias que aguardaban noticias.

El trabajo consistió en sostener la esperanza y, en muchos casos, acompañar en el duelo. "Estuvimos acompañando a familiares durante las esperas, sobre todo de las personas que eran consideradas desaparecidas, hasta que se hacía todo lo que era el reconocimiento de cadáveres y las pruebas de ADN", detalla la psicóloga.

Al recordar los atentados ocurridos hace exactamente 22 años, la profesional prefiere quedarse con la profunda humanidad que presenció en medio del horror. Más allá de las duras historias personales que se han quedado grabadas en su retina, la psicóloga destaca el inmenso calor humano que rodeó aquella intervención.

"Con lo que más me he quedado ha sido con el equipo, cómo fue esa intervención con los familiares y el apoyo entre nosotros", confiesa al rememorar aquellos días.

La mayor lección, asegura, provino de las propias víctimas. "Apareció una solidaridad tan brutal... La gente, más allá del dolor que tenía, te lo ponía fácil en el sentido de que agradecían que estuvieras con ellos", recuerda la psicóloga, poniendo en valor la inmensa resiliencia y gratitud de una sociedad que, pese a estar golpeada por el terror, nunca perdió su humanidad.

La huella invisible en los profesionales de emergencias

Afrontar el sufrimiento ajeno en tragedias de esta magnitud deja una marca profunda, incluso en los perfiles más experimentados. "Estamos preparados, hacemos nuestro trabajo y cumplimos los objetivos, pero sí que es cierto que para todos hay un impacto personal", reconoce con honestidad.

Por ello, los protocolos actuales han integrado de forma rigurosa el cuidado de los propios intervinientes. Tras participar en emergencias complejas, los equipos reciben asistencia psicológica obligatoria. A lo largo de estos años, los equipos de Salamanca han prestado apoyo en múltiples escenarios críticos. Además de en los atentados del 11M en Madrid (2004), han estado presentes en los terremotos de Lorca (2011), en la erupción del volcán de La Palma (2021) o en la reciente DANA de Valencia (2024).

"Todas las personas que vamos recibimos un apoyo posterior. Son sesiones en las que hacemos un poquito de ventilación para valorar el desgaste emocional que hemos podido llegar a tener", señala. Esta atención se ha extendido también a otros cuerpos de emergencia, brindando soporte a policías y bomberos tras intervenciones de gran intensidad.

Una labor silenciosa en el día a día salmantino

Más allá de las grandes catástrofes que acaparan los titulares, los equipos de intervención psicosocial de Cruz Roja Salamanca mantienen una actividad constante y vital durante todo el año en la provincia.

Entre sus actuaciones más habituales en el día a día destacan:

  • Los traslados y atenciones de urgencia a mujeres víctimas de violencia de género.
  • El apoyo telefónico o presencial ante solicitudes en momentos de crisis.
  • La colaboración con la Policía Nacional y la Policía Local en accidentes cotidianos que requieren contención emocional.

En todos estos escenarios, la coordinación interinstitucional resulta clave para el éxito del operativo. "Nosotros somos auxiliares de las personas que están a cargo de esa emergencia", puntualiza Castellanos, reivindicando el valor de este trabajo silencioso.

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