La disciplina regresa al programa deportivo con trece gimnastas de entre 6 y 12 años y el objetivo de disfrutar, aprender y crecer a través del deporte
La gimnasia rítmica ha vuelto esta temporada a las Escuelas Deportivas Piensos Durán Albense con un grupo de trece niñas que están descubriendo una disciplina tan exigente como artística. Bajo la dirección de la monitora Silvia Pérez, el proyecto ha arrancado con ilusión y con un ambiente que combina aprendizaje, compañerismo y mucha energía en cada entrenamiento.
El grupo está formado por Rocío Martín, Leyre Mateos, Elena González, Emma González, Sofía Rollán, Carlota Hernández, Valeria Elena, Paula Sánchez, Celia Martín, Sara Serrano, África González, Mía Chamorro y Carla Núñez, gimnastas de entre 6 y 12 años que pertenecen a las categorías prebenjamín, benjamín y alevín.
Para Silvia Pérez, poner de nuevo en marcha la gimnasia rítmica dentro del club ha supuesto un momento muy especial. “Me hace mucha ilusión porque es un deporte que te atrapa desde pequeña y que siempre se queda contigo; es una disciplina muy bonita, muy artística”, explica. Además, reconoce que se siente muy identificada con las niñas: “Al final yo empecé igual, como una actividad divertida sin saber muy bien de qué iba, y he terminado dedicándole gran parte de mi vida”.
La respuesta de las familias y de las propias gimnastas ha sido muy positiva desde el principio. “A las niñas las veo muy contentas, con muchas ganas de aprender; y las familias acogieron muy bien la primera exhibición que hicimos”, señala.
El ambiente dentro del grupo es uno de los aspectos que más destaca la entrenadora. “Es un caos controlado”, comenta entre risas, explicando que se trata de “un grupo muy activo que demanda mucha energía”, pero al mismo tiempo muy cariñoso. “Todas se quieren mucho y, a pesar de las diferentes edades, nos llevamos muy bien”.
Esa mezcla de edades también genera una relación muy enriquecedora entre ellas. “Las pequeñas aportan esa inocencia y ese jugar, mientras que en las mayores encuentran una figura de referencia y protección”, explica Pérez, quien subraya que “se crea una relación muy bonita y bastante homogénea a pesar de ser tan diferentes”.
Los entrenamientos se desarrollan dos días a la semana y combinan diferentes aspectos de la disciplina. “Siempre empezamos con el calentamiento; hay un día que es más específico y otro que lo hacemos de forma más lúdica, con circuitos”, explica la monitora.
En cada sesión intenta trabajar diferentes áreas: “El cuerpo, la técnica de aparato, la expresión… porque en una hora es difícil abarcar todo”. Para ello, utiliza juegos y dinámicas que hagan la práctica más atractiva: “Intento que todo sea lúdico, que aprendan a manejar el aparato desde la psicomotricidad y la coordinación, y sobre todo que se lo pasen bien”.
El grupo comenzará además su participación en los Juegos Escolares en las próximas semanas, con una primera jornada en Ciudad Rodrigo el 21 de marzo y una segunda cita en Guijuelo el 9 de mayo. En cualquier caso, el enfoque es claro: “Les intento transmitir que en un deporte como este competir contra otras personas no sirve de nada; lo importante es competir contigo misma y quedarte contenta porque has hecho tu mejor versión”.
La evolución de las gimnastas desde el inicio de la temporada ha sido notable, aunque muchas veces en aspectos que no son tan visibles para el público. “Son cosas que quizá para el espectador no llaman tanto la atención, como colocar bien la mano, estirar las puntas del pie o dominar un salto, pero sé la dificultad que requiere automatizar esos movimientos”, explica.
Uno de los mayores retos es mantener la concentración durante los entrenamientos. “Es un grupo muy movido y a veces les cuesta mantener la atención durante un periodo de tiempo, pero me lo voy llevando a mi terreno poquito a poquito”, señala.
Más allá de la técnica, el objetivo principal está en los valores que transmite este deporte. “La gimnasia rítmica requiere mucha repetición, mucho fallar y volver a intentar”, explica Pérez. “Ese aprendizaje de no frustrarse, de volver a intentarlo y de valorar los pequeños logros es algo que les va a servir mucho en el futuro”.
El deseo final de la entrenadora es sencillo pero significativo: “Me gustaría que recuerden que disfrutaron los entrenamientos, que se lo pasaron bien y que se lleven aprendizajes y recuerdos bonitos”. Porque, como concluye, “todo lo que aprenden aquí lo pueden aplicar después en los estudios, en otros deportes o en cualquier disciplina de su vida”.