Fernando Díaz, el presidente, desgrana los entresijos de un club que lleva 15 años al pie del cañón y ha logrado convertir el judo en un éxito en Salamanca. Es el octavo protagonista de nuestra sección
El crecimiento del Club Doryoku no se explica solo con números, aunque los números impresionan. Esta temporada, por primera vez en su historia, la entidad ha superado los 1.100 deportistas. Detrás de esa cifra hay quince años de trabajo continuo en Salamanca, una estructura consolidada y una filosofía clara: formar desde la base y no dejar a nadie fuera.
“El club Doryoku lleva trabajando 15 años en Salamanca”, explica su presidente, Fernando Díaz. “Comenzamos, en primer lugar, como un club de escuela, sobre todo acercando el club a colegios, a ayuntamientos y, desde hace también varios años, trabajando en dos sedes principales, que es la de Salamanca, que está en el Paseo de la Estación, y la de Carbajosa”.
Aquel proyecto inicial, centrado en el ámbito escolar, ha ido creciendo hasta convertirse en uno de los referentes del judo en la provincia. Pero, según insiste Díaz, la esencia no ha cambiado. “Sobre todo, somos un club de formación. Trabajamos formación desde la base. Tenemos también un apartado de competición, gente que se prepara más a nivel técnico, preparación de exámenes de cinturón negro y luego, sobre todo, un club de judo en el que todos pueden participar, porque la parte de la inclusión es también quizás un punto importante y fuerte dentro del club”.
La cifra alcanzada este año marca un antes y un después. “Este año por primera vez hemos superado la cifra de los 1.000 alumnos. Estaremos, aproximadamente, en más de 1.100 deportistas”, detalla. El dato incluye las dos sedes principales y el amplio trabajo que realizan en los centros escolares.
Mantener y hacer crecer esa estructura en un contexto en el que otros deportes cuentan con mayor visibilidad como el fútbol o el baloncesto no ha sido sencillo. Díaz atribuye el éxito a un modelo muy concreto: la continuidad. “Mucha de la gente que se ha criado aquí con nosotros desde pequeños ahora son entrenadores del club. Intentan devolverle al club esa tarea sacando el curso de entrenador y acercando el judo también a los colegios”. En la actualidad, Doryoku cuenta con 25 entrenadores titulados.
El relevo generacional es, para el presidente, uno de los mayores motivos de satisfacción. “Para mí es una ilusión enorme haber visto a niños que han comenzado conmigo con cuatro años a hacer judo y verles ahora de entrenadores con su propio grupo de alumnos”, afirma. “Hay muchos que tienen 18 o 19 años, pero trabajan con una profesionalidad y con un cariño para los niños que supone una ilusión enorme. No hay palabras”.
El club acoge a judocas desde los cuatro hasta los 63 años. “Tenemos a un grupito muy importante de veteranos que siguen practicando judo de manera más lúdica y otros todavía compiten a alto nivel en campeonatos de veteranos”, explica. La imagen del tatami como espacio solo para niños queda así superada por una realidad más amplia y diversa.
Una parte fundamental del proyecto sigue estando en los colegios. Allí, el club instala tatamis homologados que se montan y desmontan cada día y mantiene una coordinación constante entre entrenadores. “Todos los meses tenemos reuniones con todos los entrenadores para que en todos los sitios la enseñanza sea un poco homogénea”, señala. Aunque cada centro tiene sus particularidades, la metodología es común: “Es una metodología basada en el juego, en que los niños disfruten y se diviertan haciendo judo, con mucha comunicación entre todo el grupo”.
La gestión de más de mil alumnos exige organización. Fernando Díaz lo reconoce sin rodeos: “Yo solo sería imposible que lo pudiera llevar”. El club se apoya en una estructura amplia de entrenadores y coordinadores que permiten que entrenamientos, campeonatos y actividades convivan en el calendario.
El primer fin de semana de marzo es un ejemplo de esa intensidad. Por un lado, el club participará en un Open paralímpico en Madrid. “Van a participar niños con discapacidad visual, con espectro autista, con discapacidad intelectual y todos ellos entrenan día a día con nosotros en grupos en los que son uno más”, subraya. Por otro, el 8 de marzo organizarán su propio campeonato en el pabellón de Würzburg, con más de 1.000 alumnos inscritos. “Se nos solapan esas dos citas que van a ser muy importantes para nosotros”, reconoce.
Más allá de los datos y los eventos, el objetivo de fondo se mantiene intacto. “Nuestro mayor reto es que la gente que entra por la puerta pueda seguir manteniendo la ilusión muchos años y que vea que es un sitio donde va a poder practicar y estar a gusto”, resume Díaz.
15 años después de sus inicios en los colegios, Doryoku no solo ha construido una estructura deportiva sólida en Salamanca. Ha creado, sobre todo, un espacio de continuidad, donde un niño puede empezar jugando en el tatami y, con el tiempo, convertirse en referente para los que llegan detrás.