OPINIóN
Actualizado 03/03/2026 08:37:51
Francisco Delgado

A propósito de la aprobación la semana pasada por parte del Gobierno de un Plan contra la soledad no deseada, siento una gran curiosidad, por mi profesión de psicólogo, por conocer qué medidas concretas activará el Gobierno para este objetivo. Pues el sentimiento de soledad es un sentimiento complejo en el ser humano; incluso con frecuencia es difícil discernir cuándo una soledad es deseada por el sujeto y cuándo no.

Quedémonos, para estar seguros de referirnos a todo sentimiento humano de soledad, con la característica de que la soledad surge en el ser humano cuando vive la pérdida o el temor a la pérdida de un ser querido. Pero puede ocurrir (y con frecuencia ocurre) que una persona se siente sola y a la vez se siente acompañada; por ejemplo unos padres que han perdido a su hija o hijo, a la vez se sienten acompañados por sus otros hijos o familiares que habiten cercanos.

El jueves pasado Dª Elena Díaz, filóloga y vinculada a la Asociación de Amigos de Unamuno de Salamanca, dio en esta ciudad una rica y precisa conferencia sobre Amigos canarios de Unamuno. En ella describió todos los amigos significativos que Unamuno hizo en Fuerteventura, durante el destierro que padeció bajo el régimen de Primo de Rivera, por sus críticas al Gobierno y al rey Alfonso XIII. La conferenciante repasó las vidas de estos amigos canarios, con los que organizó tertulias, paseos, lecturas, y con los que se sintió muy acompañado durante los largos meses de confinamiento, a la vez que obviamente sentía la soledad por la ausencia de su familia, colegas de la Universidad, amigos, etc. Es decir, Unamuno, gracias a sus recursos de relación y empatía con los isleños, pudo soportar con menos sufrimiento la dolorosa soledad que acompaña una experiencia tan traumática.

Pero a nuestro actual Gobierno no le será fácil diseñar este Plan de prevención y ayuda en las situaciones de soledad, por la variedad de personas que la sufren, el gran porcentaje de la población que la padece y los graves prejuicios que se tienen crónicamente sobre algunos aspectos de la soledad. Por ejemplo, parece existir un consenso general de que la población de las personas mayores y la población joven son los dos grandes grupos sociales que más intensa y cuantitativamente viven situaciones de soledad: los mayores porque con gran frecuencia los hijos se han independizado y viven en otras ciudades y muchos de sus amigos y familiares van desapareciendo; y la población joven porque habiendo pasado ya la etapa escolar y formativa, por una parte se encuentran en esa “tierra de nadie” del paro, sin un grupo de referencia que el trabajo generalmente también aporta y además el o la joven, después de la adolescencia, se encuentran incómodos viviendo en el hogar paterno, pues su deseo de independencia es esencial para su futuro.

Sin embargo muy pocos expertos y medios de comunicación hablan de la gran importancia de la soledad en la infancia. Un principio general de la Psicología es que un hecho traumático es más intenso cuanto menos edad tenga la niña/o; pues los niños tienen menos recursos para hablar de aquello que les hace sufrir, sobre sus deseos y temores. Cada una de las hijas/os de esas mujeres que mueren por violencia de género se convierten en niños gravemente traumatizados por la pérdida materna; su soledad es un estado que siempre, necesariamente ha de ser atendido psicológica, médica y socialmente.

En la infancia existen numerosas situaciones familiares que llevan en sus raíces el sentimiento de soledad en los niños.

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