¿Recuerdan aquella divertida novela de Eduardo Mendoza publicada en 1991 y que llevaba por título Sin noticias de Gurb? En ella, el escritor catalán Premio Cervantes y Premio Princesa de Asturias de las Letras nos contaba la búsqueda de un extraterrestre llamado Grub que había desaparecido en Barcelona adoptado la forma de Marta Sánchez. Pues la izquierda española parece que también ha adoptado múltiples formas y cada vez tenemos menos noticias de ella.
Casi sin respiro continuaremos el “vía crucis” de elecciones autonómicas, las próximas serán en Castilla y León en apenas un par de semanas y todo apunta a que al igual que ha sucedido ya en Extremadura y Aragón será el frente formado por PP-Vox el que ganará. En junio se celebran en Andalucia y para el próximo año tendremos las generales. Veremos.
Como uno no es analista político, pero sí un preocupado ciudadano me gusta de cuando en cuando pararme para pensar en qué está pasando aquí. Y en mi opinión lo que viene sucediendo desde hace tiempo es que las azules gaviotas del Partido Popular cada vez están más cubiertas por el verde chapapote de Vox que le impide volar libremente.
Hoy tenemos dos bloques fragmentados – uno más que el otro - y enfrentados entre sí, no ya como rivales políticos sino como violentos enemigos en una guerra sin cuartel en la que ya no se trata de ganar sino de aniquilar al otro sin piedad y, por favor, no nos mientan diciendo que eso son cosas que pasan en las campañas electorales, porque es mentira.
Y es que ya no hay políticos vocacionales, estos se extinguieron a causa de una devastadora lluvia de meteoritos en forma de mentiras, rencillas, insultos y mala educación. Los políticos de hoy aspiran a ser profesionales, es decir, a vivir de la política y no para la política como servicio a la sociedad. Como ya apuntaba Bernard Shaw, el dramaturgo irlandés: La política es el paraíso de los charlatanes.
España ya no es diferente. Desde hace tiempo se ha contagiado de la tendencia a las derechas y el totalitarismo de resto de Europa, lo que pasa es que, como siempre, vamos con algo de retraso.
El bloque de la izquierda, cada vez más dividido, cae en la tela de araña tejida por la derecha y la ultraderecha y se limita a defenderse de sus acusaciones y poner en práctica eso que ha venido en llamarse la técnica de “…y tú más”. No hay propuestas claras y concretas.
La Vicepresidenta segunda y Ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, no se presentará a las elecciones porque su estrategia de recoger los jirones de la izquierda para SUMAR a la izquierda, no ha funcionado. Y es que, como anticipo Aldous Huxley, en su novela distópica Un mundo feliz: Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje.
Los temas políticos no se debaten ni en las Cortes ni en el Senado sino en las redes sociales y las discrepancias en los Juzgados. El único objetivo que comparte la derecha y la ultraderecha es derrotar al “sanchismo” ¿y luego qué? Pues según dicen el siguiente paso será arrasar con todas las leyes, reales decretos, y normas del gobierno socialista. Un gobierno que para ellos es ilegitimo y cuyo presidente es un ocupa de la Moncloa.
Mientras el espectro de las derechas llegar a acuerdos, forzados pero acuerdos, la izquierda se atomiza. Un grupo critica a otro y cuando se propone una unión, aunque sea sólo estratégica para frenar el avance del totalitarismo, sus personalismos, y no sus idearios, les impiden incluso explicar con claridad cual es el objetivo.
Sabemos de sobra cuales son las tácticas que permiten el avance de los regímenes totalitarios: si no soy yo el que gana, todo gobierno es ilegitimo; nosotros estamos en posesión de la verdad, secuestrar los símbolos nacionales, las banderas, los himnos, los escudo... como si fueran de su exclusiva propiedad; manipular la información para infundir el temor y miedo de que la democracia está en peligro, y siempre culpar a los demás de no poder lograr lo que se proponen.
Pero disfrutamos de una democracia porque otros la hicieron posible para nosotros y nuestra obligación es conservarla y conservarla para los que vendrán den detrás. Sería bueno recordar las palabras del Premio Nobel de Literatura Albert Camus: La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.
Creo que como ya dije en una colaboración de hace un par de años Sumar sigue sin sumar y Podemos continúa sin poder. La oposición que debiera frenar el avance del totalitarismo continúa enzarzada en diálogos dignos de los Monty Python y la seguimos buscando. Seguimos sin noticias de la izquierda.