El declive representativo de la Izquierda alternativa está ya muy claro, indiscutible: menos escaños, menos congresistas. Y todo eso gracias a la gran fragmentación de la oferta electoral. Los socialistas se han estancado -o han bajado- un poco según las encuestas, y eso junto al atasco, o ligero descenso del voto progresista en general. Lo confirman la media de los estudios demoscópicos, los resultados de las elecciones autonómicas aragonesas y las expectativas de derrota de las izquierdas en Castilla y León y Andalucía vaticinan la posibilidad de la victoria de las derechas en las próximas elecciones generales, con sus efectos perjudiciales para las mayorías populares y los sectores progresistas.
Todos (los de la Izquierda) quieren y dicen que se puede articular una candidatura unitaria. Lo que pasa, desgraciadamente, como siempre, es que nadie sabe cómo hacerlo ahora. ¿Igual que en el pasado? Pero es que las condiciones que lo hicieron posible en el pasado —liderazgos muy fuertes y altamente legitimados— ya no existen
“La mayoría de los votantes de izquierda, ansiosos y deprimidos, vemos venir el próximo gobierno de PP-Vox como algo inevitable”. Y eso es un grave error, de ánimo y de estrategia, pues damos por perdida irremediablemente la batalla antes de empezarla.
Y eso se convierte en auspicio “autocumplido”: si seguimos pensamos eso de que no hay remedio, nada que hacer, no haremos nada.
Para muchos ciudadanos españoles, el izquierdista se ha vuelto un personaje insoportable por sus aires de superioridad moral.
Pero, bien vista, la propuesta de Rufián de un frente común de la Izquierda amenaza la mayoría absoluta de PP y Vox. Las encuestas realizadas confirman que una candidatura de Sumar, Podemos, ERC, EH Bildu y BNG casi empataría con Vox como tercera fuerza, incluso lo superaría en miles de votos.
Hay que releer a los clásicos, eso podría ayudar a las fuerzas de izquierda a plantear propuestas estratégicas y tácticas para afrontar la realidad de nuestro mundo complejo y confuso. Analizar las bases del conflicto entre las fuerzas del capital y las fuerzas del progreso.
Si los progresistas quieren seguir siendo protagonistas del destino democrático, está obligado a lanzarse sobre el futuro, reinventado audazmente con más igualdad y democracia económica y social.
Y sin excusa alguna, un gobierno progresista o de izquierdas si pierde en las elecciones será por sus errores políticos.
Esto es lo que nos dice la I.A. (ella muy sensata): La expresión "mirarse el ombligo" aplicada a la izquierda política en España hace referencia a una actitud de ensimismamiento, egocentrismo y exceso de luchas internas. Implica que las distintas formaciones políticas de izquierda se concentran más en sus propios debates, diferencias ideológicas y la lucha por el poder interno, olvidándose de la realidad social y las necesidades de la ciudadanía.
Hay excesiva autocomplacencia y división: Se critica que, en lugar de unirse, las diferentes facciones pierden tiempo en conflictos partidistas.
De todas maneras, es un reproche frecuente utilizado para señalar que la izquierda alternativa o progresista no logra conformar una unidad sólida por priorizar sus intereses propios.
Algunos líderes de la propia izquierda se desgañitan utilizando esta frase para pedir "menos mirarse el ombligo" y más trabajo conjunto o "remangarse por la unidad".
Pero se asocia a menudo con la dificultad de crear candidaturas de unidad y la consiguiente pérdida de fuerza electoral ante el avance de otros bloques políticos.
En resumen, "mirarse el ombligo" es una crítica a la falta de pragmatismo y al exceso de autoreferencialidad en la política de izquierda.
¿Alguien da más?
Miles de votos van a ir a la basura, sin contar, porque no llegarán a los porcentajes mínimos exigibles electoralmente. Vamos, como siempre, y como lo del “mirarse tontamente el ombligo”, la Izquierda. En muchísimas provincias pequeñas, eso es una desastrosa política electoral.
El famoso «voto útil» al que apelan los partidos mayoritarios o la infrarrepresentación de la que se quejan los partidos pequeños son consecuencias del sistema D’Hondt, la fórmula matemática con la que se reparten los escaños. El resto de opciones se quedarán sin representación y sus votos se perderán, por lo que se suele decir que los partidos pequeños están “infrarrepresentados”.
¿Cómo podría ganar las próximas elecciones generales la Izquierda? Rufián (ERC) y E. Delgado (Más Madrid) han abierto el debate en la Izquierda: "Ciencia, método y orden para ganar provincia a provincia a Vox".
Así es, totalmente, “una verdad como un piano”: qué sentido tiene que 14 izquierdas defendiendo lo mismo rivalicen entre ellas?
Pero aún estamos a tiempo.