El libro que hoy les traigo, en estos días cercanos al cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania, es Calle Este-Oeste, del abogado y profesor británico, especializado en Derecho internacional, Philippe Sands. Se trata de un estudio exhaustivo, riguroso y, a la vez, intensamente palpitante sobre los orígenes, el desarrollo y, sobre todo, las consecuencias del trágico delirio nazi. Su enfoque queda anticipado en el subtítulo, Sobre los orígenes de “genocidio” y “crímenes contra la humanidad”, que orienta al lector hacia el núcleo conceptual de la obra y subraya, además, la inquietante vigencia de estas cuestiones en nuestro presente.
Un rótulo de esta naturaleza podría sugerir un tratado académico, denso y especializado, pero, aunque el libro está profusamente documentado —cientos de citas, un amplio repertorio bibliográfico—, su lectura resulta sorprendentemente ágil y absorbente. La prosa de Philippe Sands es fluida, precisa y cargada de brío narrativo; la historia que cuenta, más allá de las disquisiciones jurídicas, está atravesada por una profunda emoción humana. El autor logra conjugar el análisis teórico con una narración vibrante, que incorpora elementos propios de la novela de investigación: alternancia de tiempos y espacios, dosificación de la información, construcción de la intriga y presencia de cabos sueltos que impulsan la lectura. El resultado es un texto que se recorre con intensidad, incluso con placer, pese a la dureza de los hechos, y que provoca esa gozosa forma de exaltación intelectual que constituye uno de los efectos más nobles de la literatura.
El punto de partida de la obra se sitúa en la propia trayectoria profesional de Sands. En 1998 participó en las negociaciones que desembocaron en la creación de la Corte Penal Internacional; poco después intervino en el caso Pinochet en Londres. Trabajó también en diversos escenarios vinculados a la justicia internacional —la antigua Yugoslavia, Ruanda, el Congo, Libia, Afganistán, entre otros—, lo que le proporcionó una perspectiva privilegiada sobre la aplicación contemporánea de las categorías jurídicas que analiza.
El detonante concreto del libro fue, sin embargo, una invitación en 2010 a impartir una conferencia en la facultad de Derecho de Lviv, ciudad ucraniana donde confluyen sus intereses profesionales y personales. Allí descubre el nexo entre el juicio de Núremberg —que había despertado su interés desde tiempo atrás— y la historia de su propia familia judía, marcada por la persecución y el exterminio. A partir de ese hallazgo, emprende una investigación que gira en torno a cuatro figuras principales: Hans Frank, jerarca nazi y gobernador de Polonia, responsable de la aplicación de la normativa que sustentó el exterminio; Hersch Lauterpacht, destacado jurista y formulador de la noción de “crímenes contra la humanidad”; Raphael Lemkin, impulsor del concepto de “genocidio”; y Leon Buchholz, abuelo del autor, único miembro de su familia superviviente al horror nazi. Los cuatro, nacidos entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, coinciden en Lviv o en su entorno, lo que convierte a la ciudad en el eje simbólico y narrativo del libro.
Lviv emerge así como un personaje central, encarnación del destino trágico de Europa en el siglo XX. Entre 1914 y 1944 cambió de manos en múltiples ocasiones y fue conocida por distintos nombres —Lemberg, Lviv, Lvov, Lwów—, reflejo de su pertenencia sucesiva a diversos estados: el Imperio austrohúngaro, Polonia, la Unión Soviética, la Alemania nazi y de nuevo la URSS, hasta su integración en la Ucrania independiente. La ciudad se convierte, de este modo, en una representación a pequeña escala de la historia europea. La cita de Joseph Roth que abre el libro y que alude a sus dos calles, de norte a sur y de este a oeste, adquiere un valor metafórico: esa dicotomía Este/Oeste atraviesa buena parte de los conflictos contemporáneos.
La obra se articula en torno a tres líneas que se entrelazan de manera constante. La primera es la reconstrucción biográfica de los cuatro protagonistas, en una investigación detallada que sigue sus trayectorias vitales dentro y fuera de Lviv. La segunda es la crónica del juicio de Núremberg, descrito con precisión casi periodística: en la sala 600 del Palacio de Justicia convergen nuevamente estas figuras, con Frank como acusado condenado a muerte y Lauterpacht y Lemkin aportando los fundamentos conceptuales que permitirán tipificar jurídicamente los crímenes nazis. La tercera línea es el análisis de la génesis, evolución y consolidación de los conceptos de “genocidio” y “crímenes contra la humanidad”, que pasarán a formar parte del derecho internacional, especialmente tras la adopción en 1948 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Estos tres frentes se organizan en un cuerpo estructural sólido, compuesto por capítulos dedicados a cada protagonista, intercalados con otros en los que Sands narra el propio proceso de investigación: sus viajes, sus entrevistas, sus visitas a archivos y bibliotecas. La inclusión de materiales documentales —mapas, fotografías, pasaportes— refuerza la dimensión factual del relato y equilibra sus elementos más narrativos.
Desde el punto de vista humano, el libro resulta profundamente conmovedor. Sands reconstruye las historias familiares de sus protagonistas, sus entornos cotidianos, sus desplazamientos, sus pérdidas. El lector asiste a la desintegración de comunidades enteras, a la persecución sistemática, a las deportaciones y al exterminio. Los grandes conceptos jurídicos se encarnan así en destinos individuales marcados por el sufrimiento, lo que dota al texto de una extraordinaria intensidad emocional.
En el plano jurídico, la obra adquiere un valor extraordinario al presentar la confrontación intelectual entre Lauterpacht y Lemkin. Ambos parten de un mismo diagnóstico —la insuficiencia del derecho internacional tradicional, sometido al principio de soberanía estatal—, pero proponen soluciones distintas. Lauterpacht acuña la noción de “crímenes contra la humanidad”, destinada a proteger a las personas frente a los abusos del poder. Lemkin, en cambio, centra su atención en la destrucción de grupos, formulando el concepto de genocidio como aniquilación de comunidades definidas por su identidad nacional, étnica o religiosa. Ambas categorías, surgidas en el contexto de Núremberg, tendrán una influencia decisiva en el desarrollo del derecho internacional contemporáneo. Sin embargo, la continua reiteración de conflictos actuales en los que se viola una y otra vez de manera flagrante dicho orden internacional revela las dificultades para hacerlas efectivas.
Les recomiendo vivamente este Calle Este-Oeste, una obra híbrida y ambiciosa, que combina historia, derecho y literatura mientras repasa algunos grandes momentos de la historia de los últimos ochenta años de la humanidad constituyendo un excelente acercamiento a aspectos cruciales del Derecho Penal Internacional de nuestros días.
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Philippe Sands. Calle Este-Oeste. Editorial Anagrama. Barcelona, 2017. Traducción de Francisco J. Ramos Mena. 608 páginas. 25,90 euros