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Actualizado 27/02/2026 08:16:26
Vanesa Martins

En esta entrevista, la científica salmantina aborda sus investigaciones sobre el ictus y el alzhéimer, así como los retos de la mujer en la ciencia

La doctora María Ángeles Almeida Parra se ha convertido en uno de los nombres propios de la actualidad en Salamanca. Profesora de investigación del CSIC, profesora asociada de la Universidad de Salamanca y subdirectora científica del IBSAL, y quien dirige el grupo de Neurobiología Molecular en el Instituto de Biología Funcional y Genómica (IBFG), será distinguida por el Ayuntamiento de la ciudad en el marco del Día Internacional de la Mujer.

En esta entrevista, la científica salmantina, que se define como "muy charra", nos abre las puertas de su experiencia vital y profesional a través de una charla en el laboratorio en el que, día a día, trabaja e investiga junto a su grupo.

Enhorabuena por el galardón. ¿Qué supone para usted este reconocimiento por parte de su ciudad?

Fue una sorpresa muy grande y un honor enorme. Que te reconozcan la labor que haces ya es importante de por sí, pero el hecho de que esté dentro del contexto del día de la mujer trabajadora y relacionado con dar visibilidad a las mujeres es un valor añadido. Y lo tercero, y fundamental, es que es en Salamanca. Yo soy salmantina, me considero "muy charra" —así me lo inculcó sobre todo mi padre—, y que te hagan un reconocimiento de esta manera, relacionando la trayectoria y la mujer trabajadora en tu propia ciudad, es un honor enorme. Para mí ha sido una satisfacción muy grande.

Tenemos entendido que la forma en que se enteró de la noticia fue un tanto curiosa...

Sí, me enteré de casualidad. Primero recibí un mensaje de un medio de comunicación dándome la enhorabuena y pidiendo una entrevista. Yo les di las gracias, pero creía que se referían a un proyecto sobre deterioro cognitivo que me habían concedido y del que había estado hablando en otros medios. Pero luego recibí un mensaje de un amigo íntimo que me decía: "Me has alegrado la mañana". Al principio creí que me estaba tomando el pelo, pero después empezaron a llegar más WhatsApps y ya lo vi en los medios de comunicación de Salamanca y en la web del Ayuntamiento. De verdad que fue una auténtica sorpresa.

Con una trayectoria tan dilatada, ¿alguna vez imaginó recibir un homenaje de este estilo?

Para nada, nunca me lo imaginé. Es una satisfacción y un orgullo muy grande. También es una cuestión de edad (dice mientras ríe); cuando te reconocen una trayectoria es porque ya tienes cierta edad pero jamás pensé que me darían un premio así.

"La investigación contra el deterioro cognitivo es una carrera de fondo"

Centrándonos a los inicios, ¿qué despertó en usted el deseo de dedicarse a la investigación?

Desde pequeña tenía el gusanillo. Estudié en el colegio Francisco de Vitoria y luego en el instituto Lucía de Medrano, me gustaban mucho la química y la biología. Además, mi entorno familiar era científico. Mi padre era traumatólogo, un innovador en su campo, y tenía muchas curiosidades científicas. Criarse en ese ambiente despierta la curiosidad. Posteriormente estudié Farmacia porque combinaba biología y química, pero sabía perfectamente que no me quería dedicar ni a la industria farmacéutica ni a la oficina de farmacia. Yo quería dedicarme a la investigación.

¿Cómo fue el camino hasta establecer su propio grupo en Salamanca? ¿Tenía planeado hacerlo aquí ?

Es una vorágine: beca, tesis, salir fuera... Empecé trabajando en hígado con el profesor José María Medina, pero cuando me fui a Londres, al University College, empecé a estudiar el cerebro: la isquemia cerebral, la muerte neuronal y el deterioro cognitivo. Eso me apasionó. Al volver, quise implementar mi propia línea centrada en el ictus y el deterioro cognitivo. Yo tenía claro que, fuera donde fuera, quería ser investigadora principal, no formar parte del grupo de nadie. Y por estas circustancias poder serlo en el CSIC y en Salamanca es un auténtico lujo. Me casé con otro investigador que es canario, estuvimos en Londres y volvimos porque él sacó una plaza de profesor titular en la Universidad de Salamanca.

El ictus y el alzhéimer son temas que preocupan mucho a la sociedad. ¿Cómo es el proceso de investigación desde dentro?

Trabajamos financiados por proyectos autonómicos, nacionales y europeos. Ahora estamos muy centrados en las alteraciones metabólicas que sufren las células nerviosas durante un ictus o en el alzhéimer. Intentamos dar respuesta a cosas que no se conocen en la clínica, o bien trasladar lo que encontramos en modelos básicos a muestras humanas. Es una labor bidireccional. Gracias a pertenecer al IBSAL, colaboramos estrechamente con el servicio de neurología del hospital y la unidad de ictus. Hacemos una buena combinación clínico-básica.

Los resultados en ciencia no son inmediatos. ¿Es difícil lidiar con esa espera?

Esto es una carrera de fondo. Una sola publicación puede conllevar el trabajo de cinco o seis años. Si quieres trasladarlo a la clínica, hablamos del doble o el triple de tiempo. Hay momentos en los que quieres tirar la toalla porque una hipótesis falla y sientes que has perdido años, aunque en realidad es aprendizaje. Pero es un trabajo apasionante, muy dinámico, en contacto con gente joven. La satisfacción de descubrir algo y poder aportar a la sociedad compensa todo.

"A las niñas y adolescentes que quieran dedicarse a la ciencia les diría que no se pongan ningún tipo de límite"

Como referente para las nuevas generaciones, ¿qué mensaje le daría a las niñas y adolescentes que quieren dedicarse a la ciencia?

Les diría que no se pongan ningún tipo de límite. Es un trabajo duro y sacrificado, con contratos precarios al inicio, pero da muchas satisfacciones. Si realmente les gusta, que apuesten por ello. Muchas veces los techos nos los ponemos nosotras mismas, aunque llevamos años luchando contra ellos. El día que desaparezca la conmemoración de la niña y la mujer en la ciencia será el mayor éxito, porque significará que ya estamos en igualdad de condiciones.

¿A quién le dedica este reconocimiento?

Si tuviera que ser a una única persona, se lo dedicaría a mi padre. Era un amante de Salamanca, un médico excepcional y siempre me animó a investigar. De hecho, yo renuncié a una farmacia familiar; él me dijo "sigue por la investigación" y apostó por mí. También se lo dedico a mi marido, que es mi compañero de vida y profesional, y por supuesto a mis tres hijos.

Por último, ¿tiene ya pensado su discurso para la entrega del premio?

No lo tengo perfectamente estructurado todavía, pero sé lo que quiero decir. Será una pequeña intervención personal y profesional. Voy a ser sincera y a hablar con el corazón, así que creo que será emotiva porque encima soy de lágrima fácil.

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