La obra del siglo XVII, salvada de la Guerra Civil, contiene textos autógrafos y una pintura de la muerte de la Santa en Alba de Tormes.
El Monasterio de Santa Teresa de Jesús de Madrid custodia actualmente un valioso documento que contiene textos autobiográficos de quien fuera enfermera y secretaria inseparable de la santa abulense. El hallazgo, conservado en excelente estado, aporta nuevos detalles sobre la orden carmelita a través de grabados, óleos sobre pergamino y poemas caligrafiados.
La conmemoración en este año 2026 del cuarto centenario de la muerte de la beata Ana de San Bartolomé (1549-1626) ha sacado a la luz una obra inédita de incalculable valor. Este libro histórico y artístico se erige como un testimonio fundamental para comprender la expansión de la orden carmelita por el continente europeo.
Para la provincia de Salamanca, el documento guarda una especial relevancia. Entre sus páginas se esconde una detallada representación al óleo que ilustra los últimos momentos de Santa Teresa de Jesús, mostrando a la beata Ana acompañándola en su lecho de muerte en la villa de Alba de Tormes.
El volumen, considerado un bien integrante del patrimonio, destaca por su excepcional estado de conservación tras haber sobrevivido a numerosos avatares históricos. Actualmente se encuentra protegido por las Madres Carmelitas Descalzas en la capital de España.
El núcleo principal de la obra lo conforman 60 páginas y media manuscritas por la propia Ana de San Bartolomé, datadas alrededor del año 1620. Los expertos destacan la enorme similitud de su caligrafía con la de su maestra, Santa Teresa, quien le enseñó a escribir.
Para certificar la autenticidad de estos textos, el libro incluye varias declaraciones juradas de la época. Destacan dos páginas firmadas en 1648 por el provincial carmelita Juan de la Madre de Dios, quien alaba la santidad de la autora y menciona sus milagros.
Asimismo, el volumen recoge el testimonio en francés de seis monjas carmelitas descalzas que conocieron el texto y avalan que es un documento autógrafo:
El contenido escrito se completa con versos dedicados a Jesucristo firmados por fray Domingo de Jesús María en dos páginas, otras tres rúbricas de fray Tomás de Jesús, un pensamiento devocional a la Virgen María y tres páginas finales de autoría anónima. El ejemplar alterna páginas en castellano, en francés y en blanco.
El apartado gráfico del manuscrito resulta igualmente deslumbrante. La obra se abre con un grabado de estilo flamenco que representa la transverberación de Santa Teresa de Jesús, siendo la única ilustración realizada con esta técnica en todo el ejemplar.
A continuación, el libro despliega una colección de 12 escenas ovaladas en miniatura pintadas al óleo sobre pergamino. Estas representaciones, de un detallismo asombroso y colores vivos, narran diferentes episodios de la vida de la beata Ana y se encuentran pegadas sobre el papel original.
Existe una decimotercera ilustración, de mayor tamaño y formato diferente, que muestra un episodio conventual donde la madre Teresa enseña a escribir a su discípula de manera milagrosa. Todas estas pinturas son posteriores a 1622, año de la canonización de la santa.
El apartado artístico se cierra con el trabajo del maestro flamenco Georges Herman Wilmart (1623-1687). Este reconocido calígrafo y dibujante de Bruselas aporta 12 manuscritos iluminados, realizados hacia 1650, que contienen sendos cuartetos poéticos dedicados a la protagonista, estampando su firma en el último de ellos.
El continente de esta joya literaria está a la altura de su contenido. El libro presenta unas dimensiones muy manejables, con 18 centímetros de alto, 12 centímetros de ancho y 13 centímetros de fondo.
Sus tapas duras están forradas con un rico terciopelo de seda color púrpura. La encuadernación cuenta con decoraciones cinceladas y grabadas en plata, material noble que también da forma a sus dos cierres de seguridad.
En la cubierta frontal destaca un medallón de plata con un Calvario grabado. Por su parte, la contraportada luce otro medallón similar que alberga la figura de un Agnus Dei, rodeado por una curiosa inscripción en latín.
Dicha inscripción reza "AGNUS DEI QUI TOLLIS PECCATA MONDIE". Los especialistas han notado que falta una letra c en la palabra original 'peccata' y que el término latino 'mundi' fue sustituido por la variante afrancesada 'mondie'.
Los investigadores sostienen que este manuscrito fue un obsequio del Carmelo flamenco de Amberes, ciudad donde reposan los restos de la beata, al monasterio madrileño fundado en 1684 por la venerable madre Mariana Francisca de los Ángeles con licencia del cardenal Portocarrero.
La llegada del libro a España se produjo a finales del siglo XVII, traído probablemente por los Padres Carmelitas Descalzos. Cabe recordar que la provincia carmelitana de Flandes perteneció a la Monarquía Hispánica hasta el año 1714, lo que facilitaba este tipo de intercambios.
La supervivencia de esta obra es considerada casi milagrosa. Durante la Guerra Civil española, el convento madrileño sufrió un grave incendio y grandes daños estructurales que obligaron a su restauración integral a partir de 1939.
Las religiosas se vieron forzadas a abandonar el recinto y refugiarse en casas de familiares. En su huida, lograron esconder y salvar este libro histórico, mientras que otras imágenes, retablos y objetos de culto del primer convento de la calle Barquillo se perdieron para siempre.