CULTURA
Actualizado 25/02/2026 08:00:06
Alberto San Segundo

Ria Pizza, Kramatorsk, 19:32. Anastasia Taylor-Lind (traducción de Héctor Abad Faciolince)

De repente, un estruendo

cae sobre nosotros

hipersónico

Dima está sentado frente a mí

aplasto mis palmas sobre la mesa

lo miro

sé exactamente

lo que está pasando

fruncida —mandíbula apretada— ojos cerrados

un chasquido sordo

la explosión que arroja aire caliente

retuerce el metal… el vidrio

golpeando alrededor —más y más—

fragmentos calientes en añicos

en mi costado izquierdo

Dima tiene sangre

que corre por su cara

está gritando sótano

yo también tengo sangre

empapando mi suéter morado

sangre

la boca seca

no me sabe a hierro

me doy golpecitos en los pómulos…

cuencas de los ojos… en busca de la herida

mis dedos se deslizan en la

seda de la sangre

sótano… respirando polvo de ladrillo

mi linterna examina

las heridas de Dima

no quiero verlas

pero lo inclino hacia adelante

un corte rojo en lo alto de la cabeza

no hay cerebro blanco

no hay metralla… alivio

alivio cuando los soldados toman el control

le vendan la cabeza

pregunto ¿Mi cara está bien?

una camarera me da una servilleta roja

me lleva la mano

hasta la nariz… hace presión ahí

en mi cara y luego salimos de allí

Dima y yo

atravesamos el restaurante volado

sobre vidrios que crujen

marcos de ventanas retorcidos…

comida todavía en las mesas… un plato

de papas fritas regado con vidrio

salpicaduras de sangre

¿o es kétchup en las mesas?

sillas en la calle

el atardecer apenas comienza…

la gente sale de sus casas desconcertada

y mira fijamente… llamo a mamá

le digo que estamos vivos antes

de que vea las noticias… nuestro auto

está apachurrado pero arranca a la primera

Dima deambula por ahí

buscando una salida

antes de que lleguen las ambulancias

en la sala de urgencias

gabinete para heridos capaces de caminar

Dima espera

a que un médico le cosa

la cara… la sangre le rueda

por el pómulo

toma una foto dice Dima

querías hacer fotos

de civiles heridos

no sonríe, ni yo… en el suelo un par

de tenis Gucci blancos salpicados de sangre…

pasillo lleno de gente ensangrentada

es de noche… en el hotel

las chicas de recepción

están en los escalones de entrada temblando

y llorando al ver nuestras caras

Alya me ofrece pepas para los nervios

que ella ya se tomó

no lloro hasta el otro día

mientras leo sobre los muertos…

todavía hay cuerpos

bajo los escombros

cuando volvemos allí

a buscar mi cuaderno…

casi todo el edificio ha desaparecido… las paredes

y las ventanas han cambiado de lugar… concreto

losas apiladas a la entrada

hay sillas en la calle

hay vidrios en la comida

hay cuerpos bajo los escombros

misil Iskander… ojiva de 500 kg

precisión de cinco a siete metros

había un soplón… el SBU lo apresa

respondo las preguntas de los investigadores

dibujo mapas y hablo con un terapeuta

una sombra se oscurece sobre el patio…

rugido repentino de un motor de crucero…

cierro los ojos

el chasquido sordo del impacto…

mi sistema nervioso está destrozado hablo rápido

olvido palabras pierdo el equilibrio me duele la cabeza

hoy es el funeral de Victoria

al otro lado de su ataúd observo

fotógrafos que se balancean juntos en silencio

en busca de un encuadre

cuento cinco lo sé

pero nadie me reconoce al otro lado

sin mi cámara

había vidrios en la comida

había sillas en la calle

apenas empezaba a atardecer.

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